miércoles, 29 de abril de 2015

EL EFECTO VAROUFAKIS


Mi segunda piel se llama Grecia, un país al que aprendí a querer reconociéndome en sus gentes, en  algunas de sus formas de vivir y soñar, también en las arquitecturas rotas, en el arte robado y nunca devuelto, en ese cielo interminable cuando a media noche regala miles de estrellas que parecen aplastarte, y astros que titilan -¡Ah, Neruda!- azules a lo lejos.

Ya no hago la cuenta de las veces que viajé hasta allí, quizás como defensa ante algunas ausencias dilatadas en exceso. No importa, cuando no puedo subirme a un avión de Olympic o de Aegean lo hago con la imaginación recorriendo tantos lugares queridos, ahogándome si es preciso en el olor que llega del Egeo, cerrando los ojos y saboreando un trago de retsina procedente de Ática, o simplemente atisbando la quietud del monte Likavitos en las madrugadas de atraganto.  También hay ocasiones en las que las circunstancias favorecen esa simbiosis: en el supermercado Lidl de mi barrio venden a veces unas pequeñas cajas de Baklavas (pasteles de miel y almendra), y la cajera me mira mal porque dejo las estanterías completamente vacías.De una u otra forma, todo es como una película sin fin por la que van transitando personas, lugares y sabores, yendo de Alekos Panagulis a Melina Mercuri,  de las manifestaciones en la plaza Omonia comandadas por un perro solidario llamado Likanítos hasta ese dibujo que Petros Márkaris suele regalarnos en sus novelas de una Grecia ingenua, tantas veces silente, ante los trapaceros.

Los acontecimientos de los últimos meses, y no digamos ya desde que Syriza ganó las elecciones en enero, obligan a un seguimiento casi diario de cuanto acontece en Atenas, en Bruselas, en Berlín o en Estrasburgo. Los tira y afloja, ese constante ir y venir del neoliberalismo contumaz a la esperanza asediada por las urgencias. Por momentos todo deviene en una mala comedia de enredo en la que nada es lo que parece, intercambiando mentiras, enfados, entrecejos fruncidos y amenazas, pero también descarnadas negociaciones. A veces surgen las dudas. Pero mi hermano del alma, Nikos Testas, me espetó recientemente desde Tesalonica un lacónico "Es la política, estúpido" que me tiene dubitativo.¿Hasta dónde tendrá que ceder el gobierno griego para garantizar las necesidades más urgentes de su pueblo? Los de la troika me caen fatal y a la Merkel ni la soporto...

Andaba uno con estas historias a cuestas cuando un nombre comenzó a hacerse notar. Primero fue en las portadas de los periódicos y luego en los telediarios: Varoufakis se llama el pavo,  economista pijo-progre a decir de ortodoxos comunistas griegos. Tuvo varias actuaciones estelares ante la troika pero, como ya sabrán, hace dos días que Alexis Tsipras le apartó de la gloria mediática por exigencias del guión negociador. Una última muestra de su caída en desgracia acaba de entrar rauda en mi Mac pues, al parecer, la pasada noche estaba cenando con su esposa y una amiga en un restaurante ateniense cuando un grupo de anarquistas embozados le agredieron verbalmente -eso que en el argot al uso le llaman ahora escrache-. Primero le apartan y luego le agreden. Las desgracias nunca vienen solas, ya se sabe.Así las cosas, y sin entrar en análisis políticos propios o impropios sobre las negociaciones del Gobierno griego y la troika, tras estos últimos acontecimientos la derecha europea más ultra ha cantado victoria: ¡Varoufakis, cabrón, vuelve al Partenón!.Y sin embargo...

Desconozco cuál será el futuro de este griego, pero sí puedo asegurar que en su breve reinado mediático ha conseguido un éxito inesperado y rotundo: la gran mayoría de las mujeres que son de mi conocimiento han caído rendidas a sus pies; han cuchicheado hasta la saciedad sobre su sex appeal; y se han hecho lenguas de ese porte entre canalla y motero a lomos de una Yamaha de 1.300 cv. Ténganlo claro, mis amigos: Varoufakis las pone. Y esa derrota no deberíamos desdeñarla pues cuando ellas se entusiasman no hay troika que valga. O dicho de otra manera: hay victorias que cuando son administradas por las mujeres devienen en derrotas para los políticos alfa. Y ellas lo tienen claro con Varoufakis. Que lo sepa la Merkel.











jueves, 18 de diciembre de 2014

ESCENAS COTIDIANAS

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Un retrato
Cuando la noche se hizo madrugada de luz de luna las voces catódicas comenzaron a repetir, una vez más, esa letanía inconexa fundamentada en el bla, bla, bla de quienes están convencidos de poseer "la verdad", da lo mismo si es política, cultureta, ecológica o futbolera. 

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Una invasión 
La torre de Babel que fue ocupando poco a poco la casa con sus terminales (ya vamos por las tres pantallas planas) ha convertido nuestras vidas -no las imaginadas, sino las otras, las auténticas, las que nos devuelven las televisiones-, en una mezcolanza de géneros que hace muy difícil salir indemnes de tanta batalla aparentemente incruenta. Drama y comedia intentan por igual ganar adeptos, dejando a cambio una ancha franja para la indiferencia, allí donde anida esa mayoría silenciosa que se ha acostumbrado a ahogar las emociones. 
                
                                                3
Un cúmulo de sentimientos 
Cuando abandono mi habitación fijo la mirada en la abuela, sentada en su butacón y atusándose el moño cada cuatro minutos con un tic de viaje exacto y limpio; luego en mi padre, que finge leer el periódico aunque esté como siempre con el rucu-rucu de su pensión, echando cuentas y pestes por igual. No veo a mi hermana, quien gusta de hacerse notar por la ausencia; y mi madre... ¿dónde estará mi madre? No es normal ver el salón tan vacío, pues falta hasta el gato, Tom, quien acaba siendo el refugio de todas las miradas cuando la televisión aburre más de lo normal. ¿De qué hablan hoy? pregunto, pero nadie contesta. Veo a un político que conozco y parece referirse a alguna tropelía del Gobierno. Otra más. Qué hartazgo.

                                                






jueves, 3 de abril de 2014

¿NO SOMOS NADIE? (O EL ESPÍA QUE LLEGÓ DE LA COCHINCHINA)

Los comunicólogos, los políticos y hasta el sursum corda se han puesto de acuerdo para darnos la chapa durante los últimos meses con un descubrimiento que al parecer les ha dejado atónitos: ¡nos espían! ¡alguien escucha nuestras conversaciones telefónicas, lee nuestros correos electrónicos y controla qué páginas web visitamos! ¡horror!.
¿Horror... u error? Tal vez deberíamos aclararnos. Y es que uno no deja de sorprenderse de tanto escándalo a cuenta de que un tipo llamado Edward Snowden decidió irse de la lengua (¡enhorabuena, chaval!) y contar al alto la lleva que la Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU de norteamérica acumula información y conversaciones de millones -insisto, millones- de personas, y no porque el asunto no lo merezca sino precisamente por todo lo contrario, porque lo merece desde hace mucho tiempo, pero aquí algunas gentes preferían hacerse las despistadas como si los espías y la vigilancia ilegal fuesen cosas del cine. Ya saben, el agente 007 y emocionantes historias parecidas. Todo muy lírico.
¿De verdad usted se creía que NADIE le ha vigilado nunca? ¿que NADIE tiene datos privados que solo usted cree conocer? ¿que NADIE acumula información sobre lo que gana, cómo lo gasta, con quién se relaciona, si va de vacaciones, si viaje en coche o en avión, etc, etc? Dicho con toda crudeza: no puedo creerme que aquí todo el mundo estaba en Babia y hasta que Snowden el analista no decidió echarle cojones a la cosa y tirar de la manta, NADIE intuía ni por asomo que existen mil ojos y micrófonos que nos vigilan, auscultan, y a veces, en situaciones extremas se quitan el disfraz y hasta nos amenazan.

EL ESPIONAJE, JUNTO CON LA PROSTITUCIÓN,
ES UNO DE LOS OFICIOS MÁS ANTIGUOS
DE LA HUMANIDAD

Grábenselo en su cabecita: el espionaje existe en todos los países del mundo, y no precisamente desde hace cinco minutos, en un orden de prioridades que va desde la situación geográfica hasta la tendencia ideológica, pasando por los intereses económicos, la cultura imperante y un largo y tedioso etcétera. El enemigo es el enemigo y al amigo se le quiere pero por si las moscas también se le vigila. Algo así le dijo Obama a Angelina Merkel en su última conversación telefónica, interceptada, es de suponer, por  no menos de 253 espías y gloria a dios en las alturas, que ahora se espía mucho por el aire y conviene estar a bien con los que mandan allá arriba.
Y es que junto a los puticlús, los garitos de espías son posiblemente de los negocios más antiguos y estables de nuestra era conocida. Sin ir más lejos, nombres ilustres que hoy forman parte de la historia oficial supieron hacer frente a las revueltas, populares o familiares, qué más da, no solo gracias a los diversos dioses que pululan por ahí sino sobre todo gracias al papel del espionaje. Y qué decir de los negocios, del dinero, de cualesquiera poderes sin que importe que el continente sea Asia, Oceanía, África, Europa, América, o la Antártida.
¿Y qué decir de ese siglo XX, cambalache, en el que hermosas historias de espías dobles, y hasta triples, justificaron la pureza de la guerra fría y una literatura de misterio magnífica? El KGB, la CIA, la Stasi, el MI6, la OAS, y un largo etc de siglas jalonan historias que repartían generosidad, ideales, traiciones, soberbias, amores y asesinatos por doquier. La realidad y la fantasía, el morbo destructivo que el poder arrastra bajo sus pies y la capacidad de persuasión al servicio de ordenes invisibles.
¿Qué hacer entonces ante tamaño desatino?¿Cuáles han de ser nuestras armas defensivas?. Como primera medida profiláctica conviene aceptar lo evidente: que nos vigilan a todos sin excepción sea por tierra, aire o mar. Solo a partir de ese reconocimiento podremos intentar acumular la fortaleza necesaria para hacerles frente. No les oculto sin embargo que en lo que se refiere a la forma de organizar la lucha contra el cabronazo del espía invisible de turno ya es asunto particular de cada uno pues nadie podrá garantizarnos nada al respecto, ni tan siquiera seguros El Ocaso, la patria, o Juan Alberto Perote, nuestro espía/traidor más reconocido.

LA VECINA DEL CUARTO,
LAS GRABACIONES DE LOS SECRETAS,
Y EL ESPÍA DEL FACEBOOK

Así las cosas, y puesto que quizás he contribuido en exceso a provocar su inquietud, les remito a dos experiencias vividas en tiempos pretéritos y una más reciente.
La primera, plenamente amateur, viene de cuando tenía doce años y mi vecina del cuarto piso, segundo A, no hacía más que vigilarme por ver si cometía actos impuros contra el sexto mandamiento. Ella aparecía de pronto tras la penumbra de la escalera y yo le gritaba:
-¡Maruchi, gocha, dimite, que el cura no te admite!-
El segundo, más profesional, procede de cuando descolgabas el teléfono fijo en tu casa, comenzaban a oírse ruidos extraños y a tenor de la experiencia llegabas a la conclusión de que "alguien" pretendía escuchar, y posiblemente también grabar tus palabras. Para un periodista adscrito  al rojerío clandestino y tal, las dudas eran pocas: la policía secreta, los llamados "sociales", pretendían saber con quién y de qué hablabas. A veces, al espía se le iba la mano, o la tecla, rebobinaba mal la cinta casette y hasta podías escuchar tu propia voz en alguna conservación anterior. Esa certeza creaba hábito así que al menor síntoma gritabas: "!ya sé que estáis ahí, cabrones!¡hijosdeputa!" y te quedabas tan satisfecho.
¿Han cambiado en algo las cosas? pues sí, pero para peor. Ahora no hay escapatoria y hasta te venden en la tienda de la esquina, barato, barato, unos receptores muy majos para escuchar conversaciones en dos kilómetros a la redonda. Y por internet ni te cuento. Hace un mes le di al "Me gusta" a un comentario crítico sobre un asunto intrascendente en el Facebook y a los pocos días me llegaba el correspondiente mensaje: que sepas que te leemos, que sepas que estás vigilado, que sepas que no nos gustan algunos "Me gusta" tuyos. Pues vale. Lo único que me gustaría saber es si el espía que me ha tocado en suerte tiene rasgos asiáticos, más que nada para gritarle si tengo ocasión: ¡Anda y vete pa la Cochinchina!.
Por cierto ¿qué habrá sido de Edward Snowden? pues hace ya varias lunas que nadie habla de él. Pobre. Mejor buscaba una alianza, secreta, claro, con dos artistas tan reputados en el gremio como Mortadelo y Filemón.








lunes, 17 de febrero de 2014

¿VUELVEN LAS MALAS COSTUMBRES?


Desde que ha comenzado a hablarse de las elecciones europeas, de los candidatos y de las encuestas de intención de voto, algunos amigos y compañeros de la izquierda intensifican la defensa de su espacio político, algo lógico, razonable y comprensible.
Ya no lo es tanto sin embargo que en vez de fijar sus críticas en la derecha, ya sea la que controla la Unión Europea a través de la Troika, o la española tutelada por el radicalismo reaccionario del PP, tengan como principal objetivo a los socialistas. En realidad, tal pareciese que el tiempo no pasa y seguimos aún anclados en las viejas discusiones sobre los bolcheviques y mencheviques, los revolucionarios y los socialtraidores, o lo que es lo mismo en la retórica de que hay una izquierda que está en posesión de la verdad absoluta y otra condenada a los infiernos por los ojos del búho.
Curiosamente, los mismos que ahora afilan sus dagas (electorales) contra el socialismo democrático europeo en otros momentos no dudan en admitir que es posible y necesario trabajar conjuntamente para hacer frente a la derecha; que no existe una única y excelsa izquierda y que arrieros somos y en el camino debemos encontrarnos.
Pese a las amnesias que periódicamente sufren algunos compañeros, así lo evidencian  día tras día los sindicatos UGT y CC OO; así ha sido también en muchos ayuntamientos -Gijón entre ellos-, en muchas comunidades autónomas -Andalucía, Asturias-, sin olvidar el ámbito del estado tal como ocurrió con determinadas leyes aprobadas por los gobiernos socialistas de Zapatero.
Vale que durante las (pre) campañas electorales sea necesario arengar a la familia; vale que exista un amplio margen para defender las ideas y propuestas propias; vale incluso ese rictus de autosuficiencia desbordante de pureza ideológica (sic) que algunos compañeros de la izquierda gustan de sacar a pasear; pero no estaría de más algo de contención y sobre todo decir con claridad que el contrincante político para los trabajadores, para los ciudadanos, es la derecha europea y sus radicales correligionarios españoles.
Y algo no menos importante: que después de estas elecciones (mayo 2014), y de las autonómicas y municipales (mayo 2015), y de las generales (cuando toquen), el trabajo en común en los sindicatos, en las asociaciones ciudadanas y allá donde sea posible, defender lo que nos une y no agrandar lo que nos separa seguirá siendo inexcusable.
Prudencia pues en el "decir" porque nos va mucho en el "hacer". Al fin y al cabo, como es bien sabido, el búho, símbolo totémico de la libertad en la antigua Grecia y en la Europa celta, permite ver detrás de las máscaras sobre todo cuando son temporales o simplemente oportunistas.


jueves, 30 de enero de 2014

ANTE EL INMINENTE VIAJE DEL TREN DE LA LIBERTAD: Recordatorio (triste) de un aborto clandestino


Recuerdo una tarde gris de invierno en la que la lluvia golpeaba con estrépito sobre el asfalto hasta tal punto que el Seat 600 en el que viajábamos más que coger velocidad en las rectas parecía desplazarse por una pista de agua. 
- "Fusssssssssssssssss... Fussssssssssssss... Fussssssssssssss...

Teníamos prisa en llegar a casa porque la visita anunciada apenas una hora antes llegaba por sorpresa y nadie parecía recordar si se habían hecho las camas (seguro que no), recogido los tazones del desayuno de la mesa (tampoco), ni tan siquiera si quedaba algo de carbón para encender la cocina. Y es que hacía frío, mucho frío.

- Un desastre... - musitaba Luisa
- Si, sí, un desastre...- ratificaba Amparín, su amiga del alma, arrebujada en el asiento de atrás del coche

Vivíamos entonces a pleno atraganto, cierto, asistiendo a asambleas en la Universidad (que casi siempre acababan disueltas por la policía a la carrera y tolete en ristre); trabajando en la redacción del periódico y de la radio (cuando te dejaban); asistiendo a las reuniones de la "célula" (obligatorio); escribiendo y lanzando panfletos con una multicopista que te dejaba las manos pringadas de tinta;  y si era el caso encontrarnos con los amigos en el bar frente a un vino blanco caliente y con azúcar porque el presupuesto no daba para mucho más.

-Venga, cuéntanos ¿qué se sabe de Franco? ¿palma o no palma?- preguntaba Juanfer con su desapego habitual
-Alguien escuchó en radio París que ya murió el raposu pero los muy cabrones no dicen nada. Seguro que quieren frenar la revolución- Ángel era como el correo del zar, eso sí, en plan cuenca minera
-Pero qué revolución ni qué ocho cuartos... no lo dicen porque no saben qué hacer. Estos fascistas de mierda están tramando algo, seguro, ya lo veréis- Sentenciaba al fin el jefe de la célula

Y si la noche resultaba propicia aquella conversación acababa saltando por encima de nuestras ansiedades y miedos -¡eran tantos!- alargándose hasta la madrugada, primero en el piso de algún amigo, luego por la calle desierta, y al final en el salón de la casa en la que vivíamos, refugio ocasional al fin de amantes primerizos, de adulterios inacabados, y de conspiraciones que cuando alcanzaban su clímax hacían temblar al mismísimo Vladimir Ilich Lenin. 

Pero aquel día de tormenta todo cambió de pronto al pedirnos  ayuda urgente una amiga que era comadrona  -se llamaba Lilí, bien lo recuerdo- para socorrer a  una persona desconocida y de la que únicamente sabíamos que había llegado hasta nuestro pueblo para abortar tras largas horas de viaje desde Galicia. Cuando aquella joven entró en nuestra casa la operación ya se había realizado una hora antes en otro sitio para mí desconocido y su rostro era una mezcla de dolor y abatimiento. Luisa y su amiga la ayudaron a acostarse en la cama de la habitación azul y allí quiso quedarse toda la tarde/noche/madrugada, sin pedir nada, sin quejarse, sola. Al día siguiente un tipo vino a buscarla y ella, tras darnos las gracias, esbozó desde la puerta una sonrisa que no logró desprenderse de la tristeza. Nunca más volvimos a verla.                                                                


 [Este relato se corresponde con los hechos ocurridos en el otoño de 1975 
en el barrio de Bédavo, en El Entrego (Asturias). Nunca pude olvidar a aquella joven que hubo de recorrer muchos kilómetros para abortar clandestinamente, arriesgando  su salud, confiando en desconocidos pero temiendo que alguien la descubriese. Los abortos clandestinos llevaban aparejada entonces la pena de cárcel para quienes eran considerados sujetos directos o cómplices. Franco murió pocos días después, el 20 de noviembre, y una vez llegada la democracia la mujer recuperó derechos perdidos muchos años antes tras el levantamiento fascista contra la República española. 

Tal pareciese que los herederos de aquella carcundia lo único que pretenden ahora es recuperar el viejo y casposo estilo de sus antepasados]





El dibujo de apoyo al Tren de la Libertad que sale de Asturias rumbo a Madrid, y que acompaña al comentario, fue realizado por Alfonso Zapico, asturiano de Blimea y Premio Nacional de Cómic 2012.

viernes, 22 de noviembre de 2013

VUELVE LA GAUCHE DIVINE?



Me dice un amigo resabiado y cabroncete que ha vuelto esa "izquierda divina" eternamente ensimismada, entusiasta a más no poder de pasarse las horas "reflexionando" (sic) sobre lo pijo que es todo el mundo que pulula a su alrededor; lo incultos que se han vuelto nuestros sindicalistas, los pobres, ignorantes ellos de que la clase obrera ya nunca podrá alcanzar el paraíso; y qué decir de esos tontoslababa que a estas alturas del negocio se comprometen a militar en un partido político -"hasta marcharse"-, con lo bien que queda escribir desde la equidistancia artículos y libros, esbozar ensayos que nunca son capaces de finalizar, claro; presentar conferencias de relumbrón, debatir con una birra en la mano sobre el eterno intríngulis de los "encabalgamientos poéticos", y actos creativos similares que tanto ayudan al desarrollo científico-técnico, tal y como nos aconsejaba la abuelita Marta Harnecker.

Toda esa caterva, tras sumirse durante un tiempo en el desconcierto al descubrir que la derecha española está dispuesta a cobrarse los réditos de una larga etapa bajo la égida del socialismo realmente existente, no ha dudado en desempolvar los ropajes viejos de papá; los efluvios de las noches salvajes que el hermano mayor arrastraba de madrugada a la habitación compartida; y hasta los tics del tío raro que regresó de París con el entrecejo fruncido al descubrir una triste realidad: que ni nosotros, los de entonces, ni tan siquiera ellos,  los de ahora, somos ya  los mismos.

Bienvenidos sean, pues, a esta realidad preñada de sinsustancias oníricas; de opinantes  circunspectos que arrasan todas las esquinas del ciberespacio con sus homilías plúmbeas; y de trapisondistas que votan a un partido y se cobijan en otro (¡lo hemos visto tantas veces ya!) bajo la disculpa de que tienen que sobrevivir.

Tan solo una recomendación, que además de seguir tocando los cojones con sus juegos florales para estar aquí, allá y acullá, y no perder comba, bien podrían echarle algo de humor a la cosa, ser... cómo decirlo..., menos estiradinos y dejar que la sonrisa aflore de vez en cuando. Un suponer, imitando a Albert Einstein quien pese a sobrellevar sobre sus hombros una pesada carga histórica universal nunca dudó sobre el papel inconmensurable de las pantuflas.


lunes, 4 de noviembre de 2013

EL ZORRO ROJO (según Paul Preston)


El político asturiano Santiago Carrillo murió en septiembre de 2012 y tan solo seis meses después salía a la venta el libro de Paul Preston titulado "EL ZORRO ROJO". Ciertamente, a eso se le llama rapidez, instinto editorial, o sentido de la oportunidad, aunque también alguien pueda hablar de oportunismo. Vale. Dado que Preston goza de reconocido prestigio como historiador de la guerra civil española me pareció razonable darle un margen de confianza pese a que otros trabajos suyos recientes, caso del libro dedicado al Rey Juan Carlos I, tiendan más a la lisonja que a profundizar sobre algunos asuntos que aún permanecen guardados bajo llave. Pero ya digo,  como al historiador nacido en Liverpool se le suponen la profesionalidad, las ganas y los medios para analizar a un personaje tan poliédrico como Carrillo,  me adentré sin más en las vicisitudes de ese a priori  sugerente "zorro rojo".

LA ALEGRE DESTRUCCIÓN
DE UN MITO DEL ANTIFRANQUISMO

Aún reconociendo el esfuerzo del amplio equipo de asesores e informadores (con el añadido de algún que otro chivato ocasional), así como la capacidad de Preston para moverse con soltura ante problemas de tanta enjundia como los diversos "ismos" que han acompañado el discurrir de la aventura comunista durante el siglo XX (leninismo, estalinismo, trostkismo, titismo, etc) el libro deja en evidencia una dato fundamental apenas se llevan leídas treinta páginas: para el historiador inglés hay pocas dudas de que Carrillo era un personaje ambicioso, oportunista, carente de principios y que no dudaba en traicionar a camaradas y amigos, e incluso, como es bien sabido, a su propio padre.
Así las cosas, el libro va deslizándose poco a poco por una pendiente en la que apenas si surgen pequeños obstáculos (de reconocimiento), con el objetivo de destruir por completo al personaje humano tras el que siempre emerge el político trapisondista y taimado. En ese sentido quizás deberían reconocérsele a Preston algunas de las actitudes poco edificantes que él mismo utiliza en la condena a Santiago Carrillo.

¿ERA EL PCE UN NIDO DE
ROJOS AMBICIOSOS
E INCOMPETENTES?

Aún reconociendo que la ideología comunista se vio sometida por el devenir de la historia a mil y una insuficiencias y contradicciones, e incluso a errores que arrastraron consigo tragedias deleznables (Stalin, Pol Pot, etc) resulta totalmente injusto descalificar el papel jugado por el PCE tras convertirse Santiago Carrillo en uno de sus jóvenes dirigentes durante la guerra civil, o cuando años más tarde, ya en la etapa clandestina, fue elegido secretario general.
Los posibles celos, miedos y ambiciones de un equipo dirigente nunca pueden llevarse por delante la capacidad de sacrificio, la generosidad y la honestidad personal de miles de militantes comunistas que, ignorando los posibles tejes manejes de sus referentes antifascistas exiliados, luchaban en España contra la dictadura, sufriendo una represión jalonada de despidos laborales, torturas, cárceles y hasta muerte. No me cabe la menor duda sobre el carácter autoritario de Carrillo, tampoco sobre su increíble capacidad para desdecirse de cualquier verdad inmutable con el mismo vigor e ímpetu con la que antes la defendía. Pero resumir todo su bagaje político en que era una puta mierda, y sobre todo dejar que el personaje se lleve por delante lo que significó el PCE en la lucha por la libertad de este país es algo que ninguna persona de bien puede aceptar.

DOLORES, PERLORA,
HISTORIAS QUE VUELVEN
PORQUE QUIZÁS NUNCA SE FUERON

Un último apunte. Mi opinión sobre este asunto no tiene nada que ver con las legítimas reflexiones que algunos teóricos pueden hacer sobre Carrillo, el PCE y el libro de Preston. Conocí al personaje poco después de su regreso del exilio y durante más de un año le acompañé siempre que venía a Asturias. Viví en primera persona la petición que le hizo la organización comunista asturiana para que dimitiese Dolores Ibárruri: Carrillo dio un "sí" inicial, convertido luego en "no" rotundo cuando le vio las orejas al lobo y sin sonrojarse un pelo terminó echándoles la culpa a los "que querían destruir a Dolores". También estuve presente en la conocida como "crisis de Perlora" en la que sin estar presente, el secretario general del PCE quiso liberarse de los llamados "picos de oro". Luego, pasados los años, convertido ya  el viejo líder en un "opinador" profesional  tuve oportunidad de entrevistarle en dos ocasiones.
Así las cosas, creo que este "Zorro Rojo" rezuma tanta inquina que resulta de escaso interés incluso para quienes llegamos a intuir hasta dónde estuvo dispuesto a llegar Santiago Carrillo para mantener su poder dentro del PCE tras el regreso del exilio, o posteriormente el lugar que él creía merecer en la historia de la tan discutida Transición política de la dictadura a la democracia.





 Nota.- Después de leer el libro quise revisar algunas declaraciones de Carrillo y me vino entonces a la memoria una historia que fue muy comentada durante los primeros años de la Transición cuando la extrema derecha escupía bilis por las paredes del metro de Madrid con pintadas en las que se anunciaba: "Vamos a matar al cerdo de Carrillo". Afortunadamente, y a diferencia de Preston, el ácrata de turno tenía sentido del humor y escribió debajo: "Cuidado Carrillo, te quieren matar al cerdo".