viernes, 16 de octubre de 2015

EL MANUAL DE LAS ADVERTENCIAS GRATUITAS

Truenan los clarines anunciando el nuevo zafarrancho de combate: las elecciones generales están a la vuelta de la esquina y los ejércitos ultiman sus penachos y armaduras no vaya a ser que aparezca una cámara de improviso y te joda la campaña. 
Ante esa realidad solo cabe echar mano de manual, abrir el paraguas, y que sea lo que los dioses del Olimpo quieran. Tomen nota:

-El juego sucio de las encuestas alcanzará su cenit allá por el 10 de diciembre. Hasta entonces conviene mirarlas de reojo pero forzando la sonrisa, no vaya a ser. 
-La cordialidad, los brazos abiertos, y las promesas del oro y el moro (salvo que sea ilegal, claro) abundarán por doquier. Se aconseja una paciencia infinita, o ver como alternativa “Big bang theory” aunque sean capítulos repetidos.
-Si usted no tiene claro a estas alturas a quien votará el 20 de diciembre, cágate, lorito: le van a masacrar sin piedad por tierra, mar y aire. Napalm puro, oiga. Advertido queda.
-Sepa que la batalla final se dirimirá en los medios -lo de “informativos” es en algunos casos un mal chiste- y ante tal evento conviene tomarse las cosas con algún tranquilizante cerca. Lo que salga de las urnas es para ¡cuatro años!, una eternidad si se tienen en cuenta los antecedentes más inmediatos.
-Y sobre todo no olvide que el gozo de los gozos, la gran explosión de la felicidad, cuestan un huevo, que se pagan con hipotecas siderales, y que la pela no tiene color. Ya conocen el cartel ¿no?: hoy no se fía, mañana sí.

Luego no vengan con que sí te quise o de dejé de querer.



lunes, 15 de junio de 2015

LA CULTURA DEL RESENTIMIENTO


1.- Gijón, una ciudad que durante muchos años fue un buen ejemplo de las políticas progresistas, ha quedado ahora como una isla prófuga en la que encuentran refugio las huestes de la maltrecha derecha comandada por Francisco Álvarez Cascos tras las recientes elecciones municipales del 24 de mayo. 

2.- Existió la posibilidad de llegar a un acuerdo progresista al disponer la izquierda de una mayoría suficiente: 7 concejales del PSOE, 6 de Xixón sí puede (la marca blanca de Podemos), y 2  de IU, pero al final no fue posible y la derecha casquista gobernará en la ciudad hasta el año 2019.

3.- Mientras que el PSOE e IU abogaron desde un principio por acordar un programa de gobierno a tres, las huestes podemitas rechazaron esa posibilidad con mil y un disculpas poco creíbles. Más que de medidas para resolver los problemas de los ciudadanos, su principal objetivo era forzar una especie de segunda vuelta de las elecciones mediante una "consulta ciudadana" (sic), desarrollada sin ningún tipo de garantías democráticas, y en la que no se preguntaba por propuestas de gobierno, sino únicamente si los votantes preferían al candidato del Partido Socialista o al de Xixón sí puede.

4.- Participaron en esa "consulta" teledirigida 3.628 personas, que mayoritariamente avalaron, como era previsible, la propuesta de los convocantes. El 24 de mayo habían votado en las elecciones 139.563 vecinos de Gijón. 

5.- ¿Cómo se explica tamaño desatino? La campaña electoral ya había aportado pistas que hacían presagiar la deriva de Xixón sí puede hacia los aledaños de Álvarez Cascos en detrimento de la opción socialista. Uno de sus más cualificados dirigentes, ante las dudas de algunos correligionarios, había expresado en una asamblea un rotundo: ¡Que se joda el PSOE!

6.- En esta lamentable historia no juega un papel menor el "odio/desprecio/resentimiento" hacia todo lo que significa el socialismo democrático del que hacen gala personas que, dejando a un lado no ya los ideales de izquierdas -materia siempre discutible desde hace ya más de un siglo-, sino algo tan básico como es el uso de la razón, no dudan en preferir un gobierno municipal lindante con la derecha más extrema a otro de izquierdas, aunque ello signifique perjudicar a muchas de las personas que dicen representar y defender.

7.- Así las cosas, más que de un problema político, en el caso de Gijón cabría hablar de "emociones" acumuladas que remiten más bien al ámbito de las pasiones humanas aparentemente incontrolables.

8.- Recientemente, de la mesa en la que voy acumulando algunos libros elegidos "para repasar" surgió de pronto el titulado "Tiberio", del que es autor Gregorio Marañón, y en el que al referirse al resentimiento dice lo siguiente:

"(...) El resentimiento es incurable. Su única medicina es la generosidad y esta pasión puede fomentarse o disminuirse en quien la tiene. Parece a primera vista que como el resentido es siempre un fracasado -fracasado en relación a su ambición- el triunfo le debería de curar. Pero, en realidad, el triunfo, cuando llega, puede tranquilizar al resentido, pero no le cura jamás. Ocurre, por el contrario, muchas veces que, al triunfar, el resentido, lejos de curarse, empeora. Porque el triunfo es para él como una consagración solemne de que estaba justificado su resentimiento; y esta justificación aumenta la vieja acritud. Esta es otra de las razones de la violencia vengativa de los resentidos cuando alcanzar el poder (...)"



miércoles, 29 de abril de 2015

EL EFECTO VAROUFAKIS


Mi segunda piel se llama Grecia, un país al que aprendí a querer reconociéndome en sus gentes, en  algunas de sus formas de vivir y soñar, también en las arquitecturas rotas, en el arte robado y nunca devuelto, en ese cielo interminable cuando a media noche regala miles de estrellas que parecen aplastarte, y astros que titilan -¡Ah, Neruda!- azules a lo lejos.

Ya no hago la cuenta de las veces que viajé hasta allí, quizás como defensa ante algunas ausencias dilatadas en exceso. No importa, cuando no puedo subirme a un avión de Olympic o de Aegean lo hago con la imaginación recorriendo tantos lugares queridos, ahogándome si es preciso en el olor que llega del Egeo, cerrando los ojos y saboreando un trago de retsina procedente de Ática, o simplemente atisbando la quietud del monte Likavitos en las madrugadas de atraganto.  También hay ocasiones en las que las circunstancias favorecen esa simbiosis: en el supermercado Lidl de mi barrio venden a veces unas pequeñas cajas de Baklavas (pasteles de miel y almendra), y la cajera me mira mal porque dejo las estanterías completamente vacías.De una u otra forma, todo es como una película sin fin por la que van transitando personas, lugares y sabores, yendo de Alekos Panagulis a Melina Mercuri,  de las manifestaciones en la plaza Omonia comandadas por un perro solidario llamado Likanítos hasta ese dibujo que Petros Márkaris suele regalarnos en sus novelas de una Grecia ingenua, tantas veces silente, ante los trapaceros.

Los acontecimientos de los últimos meses, y no digamos ya desde que Syriza ganó las elecciones en enero, obligan a un seguimiento casi diario de cuanto acontece en Atenas, en Bruselas, en Berlín o en Estrasburgo. Los tira y afloja, ese constante ir y venir del neoliberalismo contumaz a la esperanza asediada por las urgencias. Por momentos todo deviene en una mala comedia de enredo en la que nada es lo que parece, intercambiando mentiras, enfados, entrecejos fruncidos y amenazas, pero también descarnadas negociaciones. A veces surgen las dudas. Pero mi hermano del alma, Nikos Testas, me espetó recientemente desde Tesalonica un lacónico "Es la política, estúpido" que me tiene dubitativo.¿Hasta dónde tendrá que ceder el gobierno griego para garantizar las necesidades más urgentes de su pueblo? Los de la troika me caen fatal y a la Merkel ni la soporto...

Andaba uno con estas historias a cuestas cuando un nombre comenzó a hacerse notar. Primero fue en las portadas de los periódicos y luego en los telediarios: Varoufakis se llama el pavo,  economista pijo-progre a decir de ortodoxos comunistas griegos. Tuvo varias actuaciones estelares ante la troika pero, como ya sabrán, hace dos días que Alexis Tsipras le apartó de la gloria mediática por exigencias del guión negociador. Una última muestra de su caída en desgracia acaba de entrar rauda en mi Mac pues, al parecer, la pasada noche estaba cenando con su esposa y una amiga en un restaurante ateniense cuando un grupo de anarquistas embozados le agredieron verbalmente -eso que en el argot al uso le llaman ahora escrache-. Primero le apartan y luego le agreden. Las desgracias nunca vienen solas, ya se sabe.Así las cosas, y sin entrar en análisis políticos propios o impropios sobre las negociaciones del Gobierno griego y la troika, tras estos últimos acontecimientos la derecha europea más ultra ha cantado victoria: ¡Varoufakis, cabrón, vuelve al Partenón!.Y sin embargo...

Desconozco cuál será el futuro de este griego, pero sí puedo asegurar que en su breve reinado mediático ha conseguido un éxito inesperado y rotundo: la gran mayoría de las mujeres que son de mi conocimiento han caído rendidas a sus pies; han cuchicheado hasta la saciedad sobre su sex appeal; y se han hecho lenguas de ese porte entre canalla y motero a lomos de una Yamaha de 1.300 cv. Ténganlo claro, mis amigos: Varoufakis las pone. Y esa derrota no deberíamos desdeñarla pues cuando ellas se entusiasman no hay troika que valga. O dicho de otra manera: hay victorias que cuando son administradas por las mujeres devienen en derrotas para los políticos alfa. Y ellas lo tienen claro con Varoufakis. Que lo sepa la Merkel.











jueves, 18 de diciembre de 2014

ESCENAS COTIDIANAS

                                                 1
Un retrato
Cuando la noche se hizo madrugada de luz de luna las voces catódicas comenzaron a repetir, una vez más, esa letanía inconexa fundamentada en el bla, bla, bla de quienes están convencidos de poseer "la verdad", da lo mismo si es política, cultureta, ecológica o futbolera. 

                                                2
Una invasión 
La torre de Babel que fue ocupando poco a poco la casa con sus terminales (ya vamos por las tres pantallas planas) ha convertido nuestras vidas -no las imaginadas, sino las otras, las auténticas, las que nos devuelven las televisiones-, en una mezcolanza de géneros que hace muy difícil salir indemnes de tanta batalla aparentemente incruenta. Drama y comedia intentan por igual ganar adeptos, dejando a cambio una ancha franja para la indiferencia, allí donde anida esa mayoría silenciosa que se ha acostumbrado a ahogar las emociones. 
                
                                                3
Un cúmulo de sentimientos 
Cuando abandono mi habitación fijo la mirada en la abuela, sentada en su butacón y atusándose el moño cada cuatro minutos con un tic de viaje exacto y limpio; luego en mi padre, que finge leer el periódico aunque esté como siempre con el rucu-rucu de su pensión, echando cuentas y pestes por igual. No veo a mi hermana, quien gusta de hacerse notar por la ausencia; y mi madre... ¿dónde estará mi madre? No es normal ver el salón tan vacío, pues falta hasta el gato, Tom, quien acaba siendo el refugio de todas las miradas cuando la televisión aburre más de lo normal. ¿De qué hablan hoy? pregunto, pero nadie contesta. Veo a un político que conozco y parece referirse a alguna tropelía del Gobierno. Otra más. Qué hartazgo.

                                                






jueves, 3 de abril de 2014

¿NO SOMOS NADIE? (O EL ESPÍA QUE LLEGÓ DE LA COCHINCHINA)

Los comunicólogos, los políticos y hasta el sursum corda se han puesto de acuerdo para darnos la chapa durante los últimos meses con un descubrimiento que al parecer les ha dejado atónitos: ¡nos espían! ¡alguien escucha nuestras conversaciones telefónicas, lee nuestros correos electrónicos y controla qué páginas web visitamos! ¡horror!.
¿Horror... u error? Tal vez deberíamos aclararnos. Y es que uno no deja de sorprenderse de tanto escándalo a cuenta de que un tipo llamado Edward Snowden decidió irse de la lengua (¡enhorabuena, chaval!) y contar al alto la lleva que la Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU de norteamérica acumula información y conversaciones de millones -insisto, millones- de personas, y no porque el asunto no lo merezca sino precisamente por todo lo contrario, porque lo merece desde hace mucho tiempo, pero aquí algunas gentes preferían hacerse las despistadas como si los espías y la vigilancia ilegal fuesen cosas del cine. Ya saben, el agente 007 y emocionantes historias parecidas. Todo muy lírico.
¿De verdad usted se creía que NADIE le ha vigilado nunca? ¿que NADIE tiene datos privados que solo usted cree conocer? ¿que NADIE acumula información sobre lo que gana, cómo lo gasta, con quién se relaciona, si va de vacaciones, si viaje en coche o en avión, etc, etc? Dicho con toda crudeza: no puedo creerme que aquí todo el mundo estaba en Babia y hasta que Snowden el analista no decidió echarle cojones a la cosa y tirar de la manta, NADIE intuía ni por asomo que existen mil ojos y micrófonos que nos vigilan, auscultan, y a veces, en situaciones extremas se quitan el disfraz y hasta nos amenazan.

EL ESPIONAJE, JUNTO CON LA PROSTITUCIÓN,
ES UNO DE LOS OFICIOS MÁS ANTIGUOS
DE LA HUMANIDAD

Grábenselo en su cabecita: el espionaje existe en todos los países del mundo, y no precisamente desde hace cinco minutos, en un orden de prioridades que va desde la situación geográfica hasta la tendencia ideológica, pasando por los intereses económicos, la cultura imperante y un largo y tedioso etcétera. El enemigo es el enemigo y al amigo se le quiere pero por si las moscas también se le vigila. Algo así le dijo Obama a Angelina Merkel en su última conversación telefónica, interceptada, es de suponer, por  no menos de 253 espías y gloria a dios en las alturas, que ahora se espía mucho por el aire y conviene estar a bien con los que mandan allá arriba.
Y es que junto a los puticlús, los garitos de espías son posiblemente de los negocios más antiguos y estables de nuestra era conocida. Sin ir más lejos, nombres ilustres que hoy forman parte de la historia oficial supieron hacer frente a las revueltas, populares o familiares, qué más da, no solo gracias a los diversos dioses que pululan por ahí sino sobre todo gracias al papel del espionaje. Y qué decir de los negocios, del dinero, de cualesquiera poderes sin que importe que el continente sea Asia, Oceanía, África, Europa, América, o la Antártida.
¿Y qué decir de ese siglo XX, cambalache, en el que hermosas historias de espías dobles, y hasta triples, justificaron la pureza de la guerra fría y una literatura de misterio magnífica? El KGB, la CIA, la Stasi, el MI6, la OAS, y un largo etc de siglas jalonan historias que repartían generosidad, ideales, traiciones, soberbias, amores y asesinatos por doquier. La realidad y la fantasía, el morbo destructivo que el poder arrastra bajo sus pies y la capacidad de persuasión al servicio de ordenes invisibles.
¿Qué hacer entonces ante tamaño desatino?¿Cuáles han de ser nuestras armas defensivas?. Como primera medida profiláctica conviene aceptar lo evidente: que nos vigilan a todos sin excepción sea por tierra, aire o mar. Solo a partir de ese reconocimiento podremos intentar acumular la fortaleza necesaria para hacerles frente. No les oculto sin embargo que en lo que se refiere a la forma de organizar la lucha contra el cabronazo del espía invisible de turno ya es asunto particular de cada uno pues nadie podrá garantizarnos nada al respecto, ni tan siquiera seguros El Ocaso, la patria, o Juan Alberto Perote, nuestro espía/traidor más reconocido.

LA VECINA DEL CUARTO,
LAS GRABACIONES DE LOS SECRETAS,
Y EL ESPÍA DEL FACEBOOK

Así las cosas, y puesto que quizás he contribuido en exceso a provocar su inquietud, les remito a dos experiencias vividas en tiempos pretéritos y una más reciente.
La primera, plenamente amateur, viene de cuando tenía doce años y mi vecina del cuarto piso, segundo A, no hacía más que vigilarme por ver si cometía actos impuros contra el sexto mandamiento. Ella aparecía de pronto tras la penumbra de la escalera y yo le gritaba:
-¡Maruchi, gocha, dimite, que el cura no te admite!-
El segundo, más profesional, procede de cuando descolgabas el teléfono fijo en tu casa, comenzaban a oírse ruidos extraños y a tenor de la experiencia llegabas a la conclusión de que "alguien" pretendía escuchar, y posiblemente también grabar tus palabras. Para un periodista adscrito  al rojerío clandestino y tal, las dudas eran pocas: la policía secreta, los llamados "sociales", pretendían saber con quién y de qué hablabas. A veces, al espía se le iba la mano, o la tecla, rebobinaba mal la cinta casette y hasta podías escuchar tu propia voz en alguna conservación anterior. Esa certeza creaba hábito así que al menor síntoma gritabas: "!ya sé que estáis ahí, cabrones!¡hijosdeputa!" y te quedabas tan satisfecho.
¿Han cambiado en algo las cosas? pues sí, pero para peor. Ahora no hay escapatoria y hasta te venden en la tienda de la esquina, barato, barato, unos receptores muy majos para escuchar conversaciones en dos kilómetros a la redonda. Y por internet ni te cuento. Hace un mes le di al "Me gusta" a un comentario crítico sobre un asunto intrascendente en el Facebook y a los pocos días me llegaba el correspondiente mensaje: que sepas que te leemos, que sepas que estás vigilado, que sepas que no nos gustan algunos "Me gusta" tuyos. Pues vale. Lo único que me gustaría saber es si el espía que me ha tocado en suerte tiene rasgos asiáticos, más que nada para gritarle si tengo ocasión: ¡Anda y vete pa la Cochinchina!.
Por cierto ¿qué habrá sido de Edward Snowden? pues hace ya varias lunas que nadie habla de él. Pobre. Mejor buscaba una alianza, secreta, claro, con dos artistas tan reputados en el gremio como Mortadelo y Filemón.








lunes, 17 de febrero de 2014

¿VUELVEN LAS MALAS COSTUMBRES?


Desde que ha comenzado a hablarse de las elecciones europeas, de los candidatos y de las encuestas de intención de voto, algunos amigos y compañeros de la izquierda intensifican la defensa de su espacio político, algo lógico, razonable y comprensible.
Ya no lo es tanto sin embargo que en vez de fijar sus críticas en la derecha, ya sea la que controla la Unión Europea a través de la Troika, o la española tutelada por el radicalismo reaccionario del PP, tengan como principal objetivo a los socialistas. En realidad, tal pareciese que el tiempo no pasa y seguimos aún anclados en las viejas discusiones sobre los bolcheviques y mencheviques, los revolucionarios y los socialtraidores, o lo que es lo mismo en la retórica de que hay una izquierda que está en posesión de la verdad absoluta y otra condenada a los infiernos por los ojos del búho.
Curiosamente, los mismos que ahora afilan sus dagas (electorales) contra el socialismo democrático europeo en otros momentos no dudan en admitir que es posible y necesario trabajar conjuntamente para hacer frente a la derecha; que no existe una única y excelsa izquierda y que arrieros somos y en el camino debemos encontrarnos.
Pese a las amnesias que periódicamente sufren algunos compañeros, así lo evidencian  día tras día los sindicatos UGT y CC OO; así ha sido también en muchos ayuntamientos -Gijón entre ellos-, en muchas comunidades autónomas -Andalucía, Asturias-, sin olvidar el ámbito del estado tal como ocurrió con determinadas leyes aprobadas por los gobiernos socialistas de Zapatero.
Vale que durante las (pre) campañas electorales sea necesario arengar a la familia; vale que exista un amplio margen para defender las ideas y propuestas propias; vale incluso ese rictus de autosuficiencia desbordante de pureza ideológica (sic) que algunos compañeros de la izquierda gustan de sacar a pasear; pero no estaría de más algo de contención y sobre todo decir con claridad que el contrincante político para los trabajadores, para los ciudadanos, es la derecha europea y sus radicales correligionarios españoles.
Y algo no menos importante: que después de estas elecciones (mayo 2014), y de las autonómicas y municipales (mayo 2015), y de las generales (cuando toquen), el trabajo en común en los sindicatos, en las asociaciones ciudadanas y allá donde sea posible, defender lo que nos une y no agrandar lo que nos separa seguirá siendo inexcusable.
Prudencia pues en el "decir" porque nos va mucho en el "hacer". Al fin y al cabo, como es bien sabido, el búho, símbolo totémico de la libertad en la antigua Grecia y en la Europa celta, permite ver detrás de las máscaras sobre todo cuando son temporales o simplemente oportunistas.


jueves, 30 de enero de 2014

ANTE EL INMINENTE VIAJE DEL TREN DE LA LIBERTAD: Recordatorio (triste) de un aborto clandestino


Recuerdo una tarde gris de invierno en la que la lluvia golpeaba con estrépito sobre el asfalto hasta tal punto que el Seat 600 en el que viajábamos más que coger velocidad en las rectas parecía desplazarse por una pista de agua. 
- "Fusssssssssssssssss... Fussssssssssssss... Fussssssssssssss..." 

Teníamos prisa en llegar a casa porque la visita anunciada apenas una hora antes llegaba por sorpresa y nadie parecía recordar si se habían hecho las camas (seguro que no), recogido los tazones del desayuno de la mesa (tampoco), ni tan siquiera si quedaba algo de carbón para encender la cocina. Y es que hacía frío, mucho frío.

- Un desastre... - musitaba Luisa
- Si, sí, un desastre...- ratificaba Amparín, su amiga del alma, arrebujada en el asiento de atrás del coche

Vivíamos entonces a pleno atraganto, cierto, asistiendo a asambleas en la Universidad (que casi siempre acababan disueltas por la policía a la carrera y tolete en ristre); trabajando en la redacción del periódico y de la radio (cuando te dejaban); asistiendo a las reuniones de la "célula" (obligatorio); escribiendo y lanzando panfletos con una multicopista que te dejaba las manos pringadas de tinta;  y si era el caso encontrarnos con los amigos en el bar frente a un vino blanco caliente y con azúcar porque el presupuesto no daba para mucho más.

-Venga, cuéntanos ¿qué se sabe de Franco? ¿palma o no palma?- preguntaba Juanfer con su desapego habitual
-Alguien escuchó en radio París que ya murió el raposu pero los muy cabrones no dicen nada. Seguro que quieren frenar la revolución- Ángel era como el correo del zar, eso sí, en plan cuenca minera
-Pero qué revolución ni qué ocho cuartos... no lo dicen porque no saben qué hacer. Estos fascistas de mierda están tramando algo, seguro, ya lo veréis- Sentenciaba al fin el jefe de la célula

Y si la noche resultaba propicia aquella conversación acababa saltando por encima de nuestras ansiedades y miedos -¡eran tantos!- alargándose hasta la madrugada, primero en el piso de algún amigo, luego por la calle desierta, y al final en el salón de la casa en la que vivíamos, refugio ocasional al fin de amantes primerizos, de adulterios inacabados, y de conspiraciones que cuando alcanzaban su clímax hacían temblar al mismísimo Vladimir Ilich Lenin. 

Pero aquel día de tormenta todo cambió de pronto al pedirnos  ayuda urgente una amiga que era comadrona  -se llamaba Lilí, bien lo recuerdo- para socorrer a  una persona desconocida y de la que únicamente sabíamos que había llegado hasta nuestro pueblo para abortar tras largas horas de viaje desde Galicia. Cuando aquella joven entró en nuestra casa la operación ya se había realizado una hora antes en otro sitio para mí desconocido y su rostro era una mezcla de dolor y abatimiento. Luisa y su amiga la ayudaron a acostarse en la cama de la habitación azul y allí quiso quedarse toda la tarde/noche/madrugada, sin pedir nada, sin quejarse, sola. Al día siguiente un tipo vino a buscarla y ella, tras darnos las gracias, esbozó desde la puerta una sonrisa que no logró desprenderse de la tristeza. Nunca más volvimos a verla.                                                                


 [Este relato se corresponde con los hechos ocurridos en el otoño de 1975 
en el barrio de Bédavo, en El Entrego (Asturias). Nunca pude olvidar a aquella joven que hubo de recorrer muchos kilómetros para abortar clandestinamente, arriesgando  su salud, confiando en desconocidos pero temiendo que alguien la descubriese. Los abortos clandestinos llevaban aparejada entonces la pena de cárcel para quienes eran considerados sujetos directos o cómplices. Franco murió pocos días después, el 20 de noviembre, y una vez llegada la democracia la mujer recuperó derechos perdidos muchos años antes tras el levantamiento fascista contra la República española. 

Tal pareciese que los herederos de aquella carcundia lo único que pretenden ahora es recuperar el viejo y casposo estilo de sus antepasados]





El dibujo de apoyo al Tren de la Libertad que sale de Asturias rumbo a Madrid, y que acompaña al comentario, fue realizado por Alfonso Zapico, asturiano de Blimea y Premio Nacional de Cómic 2012.