lunes, 1 de marzo de 2021

Entrevista


Maxi Rodríguez: "cada vez es más
necesario el sentido del humor"


El dramaturgo y escritor asturiano publica un nuevo libro: 

“Lear o el deporte rey”

 


Por PEDRO ALBERTO MARCOS




































Pregunta.- Para ir entrando en materia, Maxi, cuéntanos de qué va este nuevo libro

Respuesta.- Libro del KO define su colección "Hooligans Ilustrados" como el fútbol hecho literatura. Y lo cierto es que a mí no me ha costado demasiado asimilar esa idea porque he crecido entre el fútbol aficionado y la literatura dramática. De ahí el título "Lear o el deporte rey", una divertida crónica sentimental a través de los colores de mi equipo de fútbol, el Sporting de Gijón, que arranca con las contradicciones de alguien que creció entre dos mundos antagónicos.

P.- Así pues, teatro y fútbol. Es decir, que fijas la mirada en dos mundos que como acabas de recordar te son muy propios. Mientras que el rey Lear nos remite al teatro, tu inicial fórmula de supervivencia, resulta que el fútbol, algo que pudo haber sido y no fue, queda relegado a las emociones, al seguidor impenitente que se alegra y sufre con el club de sus amores ¿Quién sale ganando de esa confrontación? ¿o en tu caso son indisociables ya que desde pequeño jugabas al fútbol y al mismo tiempo tratabas de acercarte a los escenarios teatrales?

R.- El teatro (interpretar, escribir, dirigir) siempre ha sido mi vocación. El fútbol tenía más que ver con llenar el interminable tiempo de ocio en mi infancia y adolescencia. Siempre supe que no sería un crack del balón, sin embargo todo lo que rodeaba aquel mundo de banquillos, casetas, patadas y escombrera, en el corazón de la cuenca, me parecía una fuente inagotable de historias. De hecho, con los años me he dado cuenta de mi enorme capacidad para vampirizar todas aquellas vivencias hasta el punto de convertir al fútbol en algo recurrente en casi toda mi obra. Desde ser entrenador de alevines del Figaredo en "Carne de gallina", árbitro de fútbol en "Lo que el ojo no ve" (y en las series de televisión "Periodistas" y "Doctor Mateo" hasta escribir varias obras teatrales como "¡Oé, oé, oé!" (con prólogo de Jorge Valdano) y "Fora de Xogo" (estrenada y distribuida en lengua gallega). Incluso, en mi etapa de guionista de la serie "7 vidas" no me resistí a crear una trama de fútbol-empresa en la que los personajes de Javier Cámara y Toni Cantó veían peligrar por culpa de las bajas pasiones su larga amistad. En los ochenta los teatreros militantes veíamos al fútbol como un enemigo que nos robaba espectadores, mi "vergüenza poética" ha sido convertirlo en fuente de inspiración.

P.- Los escenarios en los que se mueven los actores y los terrenos en los que se enfrentan los futbolistas forman parte desde hace tiempo, y cada vez más, del mundo del espectáculo, con sus inevitables tintes dramáticos, pero en tu caso el humor sirve para atemperar los ánimos ¿es una vez más la mejor fórmula para dar respuesta a dos realidades tan relevantes en la sociedad actual?

R.- Cada vez es más necesario el sentido del humor. Máxime en la actualidad  donde desgraciadamente estamos viviendo una cierta "futbolización" de la sociedad, o eres de los nuestros o te vamos a reventar. Los fundamentalismos y el espíritu hoolingan te alejan de escuchar a los demás, tratar de empatizar y, cuando menos, tratar de respetar al adversario (sea político, personal o deportivo). El prisma humorístico nos ayuda a quitar gravedad a todo y tratar de relativizar. Sin eso -al menos a mí- me resulta muy complicado sobrevivir.

P.- A uno que nació en El Pedroso, en la entrada de Cuna y Cenera ¿no le llamaron nunca traidor por ser del Sporting? Tradicionalmente, la cuenca del Caudal era del Oviedo y la del Nalón del Sporting... En el Nalón solo había una peña azul solvente y casi logramos destruirla. Al fin y al cabo, Roma no paga a traidores.

R.- Para nada. ¡Jajaja! No está tan claro eso. De hecho, en el libro cuento la primera vez que fui a El Molinón desde El Pedroso con mi tío Naus (y padrino, por cierto, él siempre juró que a mí me bautizó el champán). Había -y hay- mucho sportinguista en la cuenca del Caudal. Ten en cuenta que en el Sporting "matagigantes" jugaba gente de Turón (Redondo, David) y Mieres (Tati Valdés). Yo de niño iba a ver a mi equipo con la peña "Los 3 de Figaredo". Incluso ahora (con la afición más repartida entre Oviedo y Sporting) hay una sana piquilla vecinal, un salseo sano y fácil de llevar.

P.- Como muchos sportinguistas eres del ala defensora del viejo mito de los años setenta y ochenta del pasado siglo cuando triunfaban en el primer equipo jugadores de la casa como Ablanedo, Mino, Marcelino, Villa o los que acabas de citar, aunque a veces se olvida que también había entonces jugadores de fuera realmente excepcionales, casos de Ferrero, Doria, Mesa o incluso Reza ¿Crees que vivimos ahora un renacimiento de la Escuela de Mareo?

R.- Creo, y veo, (lo digo y escribo con pesar) que sigue sin haber un modelo de club. Se puede decir una cosa y hacer la contraria de una temporada a otra. Estos son mis principios y si no te gustan tengo otros. Parece que sí, que se apuesta por Mareo pero cuando hay pasta se ficha enloquecidamente cualquier medianía que venga de afuera. Así se destrozó el proyecto de los guajes. Se ha vuelto a mirar a Mareo, entre otras cosas, porque no hay mucho dinero y claro, a la fuerza ahorcan. Ojalá de una vez por todas se apueste por la gente de casa reforzada (como antiguamente) por dos o tres fichajes contrastados de fuera.

P.- La pandemia ha dejado vacíos tanto los teatros como los estadios de fútbol. Los trabajadores de la cultura lo estáis pasando muy mal mientras que en el fútbol la situación es bien distinta, los jugadores siguen trabajando y cobrando mientras que a los clubes únicamente les interesan las retransmisiones de los partidos para seguir pagando contratos millonarios ¿Cómo intuyes que será "la nueva realidad" cuando se supere el coronavirus?

R.- Pues temo que haya un retroceso del espectáculo en vivo y se tire para siempre de pantallas, lo mismo que ahora en las retransmisiones deportivas, entre trampantojos, con el público pintado y sus voces programadas. En mi ámbito laboral se está tirando de streaming y otros recursos virtuales en detrimento del encuentro vivo y directo con el espectador. Espero que cuando hayamos pasado el horror de la pandemia todo vuelva a su cauce. Pero francamente lo veo complicado y sospecho que los pobrecitos analógicos sucumbiremos ante este boom virtual que ha venido para quedarse.

P.- ¿Y el teatro en Asturias? Periódicamente pueden leerse en los periódicos y en las redes sociales las críticas de los teatreros hacia las decisiones, o ausencia de las mismas, de los gobiernos. Sin ir más lejos, semanas atrás leíamos un artículo de Etelvino Vázquez en el que se recordaban reivindicaciones y propuestas que llevan años y más años sin conseguir respuesta ¿Cabe la esperanza aún?

R.- Tú lo has dicho: años y años. Cuando llevas tanto en esto no te quedan demasiadas esperanzas. Seguimos en ello por tozudez, porque es nuestro medio, nuestra forma de vivir y de contar historias. Yo empecé a hacer teatro cuando gobernaba la Unión de Centro Democrático, el partido de Adolfo Suárez, y he visto políticos de todos los colores. No se trata de ejercer permanentemente de plañidera, pero está claro que como tú no te lo curres y esperes que los gobernantes de turno apuesten por la cultura a saco lo llevas claro.

P.- ¿Tus próximos proyectos? ¿o hacer planes, que nunca es fácil, se ha hecho mucho más complicado en la situación actual?

R.- No soy mucho de contar cosas pero ahora siento que podría contar muy poco. O nada. Está todo raro. Fechas que bailan, proyectos en el aire o pospuestos sine die, apatía, miedo... Sigo, claro, cocinando cosas y, por supuesto, cruzando los dedos.





























 


domingo, 21 de febrero de 2021

 HORACIO FERNÁNDEZ INGUANZO: 

la foto de la libertad

 

por Pedro Alberto Marcos




                             foto de Horacio realizada por P.A.M.



Junio de 1976. Aquella tarde hacía más bochorno del habitual y estaba solo en mi casa cuando el teléfono sonó con insistencia dos veces, pero hasta la tercera no hubo respuesta, tal como teníamos acordado. 

- ¿Sí? ¿Quién es?- 

- Hola. Sólo es para avisarte que ya llegó tu encargo así que puedes pasar a recogerlo cuando quieras-

- ¡Ah, qué bien! vale, vale, voy en cuanto pueda- Y colgué. 

 

Algunos jóvenes de entonces, además de estar encabronados por el ambiente que se respiraba, éramos también un poco peliculeros, aunque con su punto de razón tal como se las gastaban las autoridades franquistas, pese a que ya no estuviesen tan “prietas las filas” ni tan “impasible el ademán” tras la muerte del dictador seis meses antes. La conversación significaba que tenían que darme un recado, pero como estábamos seguros de que mi teléfono particular estaba controlado por la policía lo más conveniente era que llamase yo desde una cabina, desde la calle. Y así lo hice. El mensaje fue entonces breve y claro:

-Mañana por la tarde nos vemos a las seis en la sidrería Moadafe, en Riaño (1). Lleva la cámara de fotos porque es importante- Me dijo el comunicante.

Todo era necesariamente secreto entonces pero no obligatorio y como me picaba la curiosidad aquella misma noche quedé con un colega de confianza en Oviedo después de pasar por “Asturias Semanal” y dejar mi artículo. Nos fuimos al “Garal” a tomar unos vinos blancos con azúcar y allí le dimos cuerda al asunto.

 

- ¿Te han dicho algo de un bar de Langreo que se llama el Moadafe?- Pregunté.

- Sí y no. El sí es que el partido va a seguir con el criterio de que poco a poco vayan saliendo a la luz los nombres de los dirigentes más significados y demostrar así que somos, con mucho, la izquierda que va a cambiar las cosas en este país. Mañana vas a conocer a un personaje que es toda una leyenda. Y el no es muy simple: no puedo decirte su nombre porque a mí, no sé por qué cojones, no me han invitado, aunque sospecho quien es. ¿Y sabes la razón de tanta tontería? porque estamos en las manos de dirigentes que por un lado todavía creen estar en París, en Bucarest o en Moscú y por otro consideran que los que estuvimos aquí aguantando mecha somos unos mindundis. Que les den- 


No hace falta decir que mi colega no sentía mucho entusiasmo por la vieja guardia del partido llegada del exilio, posiblemente más como producto de ambiciones personales que de un ponderado análisis, pero solía acertar en sus predicciones y eso me hacía contar con él para desentrañar algunos misterios. 

-Vale, entiendo el mensaje. Tú sabes a quien voy a conocer mañana pero no quieres decírmelo porque la vieja guardia no te ha invitado. Te estás haciendo mayor, colega, y eso solo se cura con el bebercio. ¡Camarero, otros dos vinos!

 

El día de autos amaneció con ese sol de junio que pronto se te pega al cuerpo y mientras desayunaba le di un repaso a la prensa por si había alguna pista sobre el enigmático personaje que iba a conocer aquella tarde, pero como no hubo caso decidí preparar los rollos y la cámara antes de irme a trabajar a la emisora. A media mañana surgió de pronto la sorpresa de manos de quien menos imaginaba, un veterano comunista con mando en plaza al que me encontré en la calle cuando iba con mi grabadora camino del ayuntamiento.

 

-¡Qué hay chó!... Creo que esta tarde nos vemos en Riaño ¿no? Acuérdate de llevar la cámara de fotos- se le notaba contento y más locuaz que de costumbre.

-Claro, claro. Por cierto, vaya cuanto secretismo ¿eh? Ni que fuera a conocer a Santiago Carrillo o a la Pasionaria- 

-Todo se andará, todo se andará, no te preocupes - y luego, acercándose a mí susurró- El Paisano, vas a conocer al Paisano.

 

Me quedé de piedra. Suponía que tanto misterio para aquella puesta en escena tenía que corresponderse con alguien al que el partido le daba especial importancia, pero el nombre de El Paisano, que era como se conocía tanto en los ambientes políticos como en las comisarías a Horacio Fernández Inguanzo, no me lo esperaba. De pronto sentí la angustia de quien tiene que hacer algo muy importante y no está seguro de nada. ¿Se atascará la cámara? ¿Los rollos estarán bien? ¿Habrá suficiente luz? ¿Podré evitar los reflejos? Yo no era fotógrafo profesional, era periodista, pero en aquel tiempo tenías que hacer de todo y de pronto iba a enfrentarme a un reto que posiblemente no volvería a repetirse nunca más: la primera foto en libertad de un mito de la lucha antifranquista, de un hombre que por sus ideas se había enfrentado durante años contra la dictadura sufriendo todo tipo de penalidades: la soledad, el frío, el hambre, la indefensión, los juicios manipulados y las cárceles. Para incrementar aún más mis temores, apenas llegué aquella tarde al lugar de la cita un pope del partido hizo un aparte conmigo y al tiempo que subía su mirada hacia aquel sol de justicia que nos acompañaba, me dijo qué iban a hacer con mis fotografías “por decisión de arriba”: podía sacar las fotos que me diera la gana pero una, especialmente una, debía ser solo de Horacio. Aquella foto iba a tener un doble objetivo, mostrar por vez primera su rostro a los militantes y a los ciudadanos tras salir de la cárcel (aunque en realidad todavía era provisional), y hacer cientos de copias para venderlas y conseguir ingresos económicos de los que la organización estaba tan necesitada. 

 

Seguro que me tembló el pulso, pero afortunadamente la cámara no falló y pude hacer la foto símbolo de un tiempo nuevo que a través de Horacio, El Paisano, retrataba la por entonces aún incipiente libertad.

 


                                                 Algunos datos biográficos 

[Siendo aún muy joven, Horacio comienza a trabajar como cantinero en la estación de ferrocarril Vasco-Asturiano en Oviedo, al mismo tiempo que, como alumno libre, comenzaba sus estudios de magisterio. Siendo afiliado a la Unión General de Trabajadores (UGT), el estallido de la guerra de España le sorprende en Pola de Gordon, alistándose de inmediato como voluntario para ir al frente. Poco después ingresará en el Partido Comunista de España (PCE).

Tras la caída de Asturias en manos de los golpistas sublevados, en 1937 es encarcelado y condenado a muerte. Tras casi un año en la cárcel de El Coto, en Gijón, se le conmuta la pena y es puesto en libertad en 1943. Horacio asume a partir de entonces diversas tareas relacionadas con la dirección política de su partido, llegando a ser elegido Secretario general del PCE en Asturias.

En 1945 vuelve a ser detenido y nuevamente enviado a prisión donde permanecerá hasta 1954, año en el que aprovechará su libertad para alternar diferentes trabajos, sobre todo como profesor de clases particulares y agente comercial, actividades que le permiten desplegar una constante labor clandestina en Asturias.

Tras la huelga minera de 1958 se exilia en Francia. Al cabo de un tiempo, conocido ya como "el Paisano", vuelve a la actividad clandestina en España para organizar la actividad política de su partido.

En 1969 es detenido en Mieres y ya permanecerá en la cárcel hasta mayo de 1977, momento en el que iniciada ya la Transición hacia la democracia el Gobierno de la UCD decreta una Ley de Amnistía]



      Horacio en su primera aparición pública tras quedar en libertad acompañado de jóvenes militantes comunistas de Langreo (foto de P.A.M.)

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(1) La cantante asturiana Marisa Valle Roso recordaba recientemente con emoción el Moadafe, el restaurante que sus abuelos paternos tuvieron durante muchos años en Riaño (Langreo) y donde sus padres trabajaron: "Allí se celebraban bodas y comuniones. Era también sidrería y tenía una pumarada inmensa con columpios y bolera" (declaraciones realizadas a Pablo Antón Marín Estrada durante una entrevista publicada en El Comercio el 17 de mayo de 2020) 


                                      



 



 

viernes, 5 de febrero de 2021

 

        EXILIO REPUBLICANO ASTURIANO

Artículo de Pedro Alberto Marcos 

publicado en  ZENDA LIBROS 

                                                   1

¿Fueron los perdedores de la incivil Guerra de España (1936-1939) los republicanos? Antonio Machado, una de las víctimas de aquel desastre, puso en duda que la respuesta fuese un sí rotundo e inapelable; también otras muchas personas que habían defendido la legalidad constitucional frente a los golpistas, aunque sus testimonios, como el del poeta sevillano que murió en el exilio, acabasen ahogados por la dictadura franquista y en buena medida también por los que fueron sus aliados de ocasión en la Europa de entreguerras. Cuando el nazismo alemán y el fascismo italiano fueron derrotados en 1945 los exiliados españoles creyeron que la dictadura seguiría por el mismo camino, también los guerrilleros y militantes antifascistas que seguían en el interior, pero no fue así. Pronto las esperanzas comenzaron a desvanecerse y hubo que esperar a la muerte de Franco para comenzar el derribo del régimen. Fue en 1975 y, tantos años después, aún siguen cayendo cascotes.

"Del más de medio millón de personas que abandonaron España al final de la guerra, unos 70.000 procedían de Asturias"







La Constitución democrática de 1978 contribuyó desde entonces a cambiar la historia de España recuperando las libertades y los derechos civiles, cierto, pero por diversas razones (el miedo al pasado, la correlación de fuerzas, el largo tiempo transcurrido, etc.) el conocimiento de los hechos ocurridos en la segunda mitad de los años treinta y la necesaria reflexión crítica sobre los mismos fueron aplazándose y la pregunta del comienzo no tuvo respuesta.

Después de leer este libro sobre el exilio republicano asturiano las dudas persisten y tan solo la tenaz resistencia de algunos protagonistas de aquel tiempo —y ya sobre todo la de sus descendientes—, permiten seguir buceando en las aguas del olvido y tratando de pararlas, tal como intentó hacer en su libro Paco Ignacio Taibo I desde el exilio mexicano (1), y tratar así de discernir qué puede haber de cierto entre las sentencias históricas rotundas e inapelables en apariencia y las manipulaciones a las que tantas veces se ven sometidos los relatos políticos.


                                                   2 

Del más de medio millón de personas que abandonaron España al final de la guerra, unos 70.000 procedían de Asturias, territorio que permaneció leal a la República hasta el 21 de octubre de 1937, y de aquellas víctimas nos llegan ahora los testimonios de algunos protagonistas; también de hijos, nietos y acompañantes de ocasión. Es el suyo un lenguaje doliente, y en ocasiones no exento de orgullo, que en los 19 relatos seleccionados por las autoras sumergen al lector en un mundo por el que transitan voces unas veces desesperanzadas, otras teñidas de melancolía y siempre plenas de dignidad, pues al fin y al cabo son las pequeñas/grandes historias de quienes vivieron un tiempo de atraganto tras el que llegaría el silencio. Un silencio plúmbeo.
La caída del Frente Norte tras 15 meses de lucha obligó a muchos republicanos y a sus familiares a huir, sobre todo por mar a través de los dos puertos más importantes de la costa atlántica asturiana, Gijón y Avilés. El Gobierno republicano de Asturias y León organizó las evacuaciones con destino a Francia, Inglaterra, la URSS, Dinamarca y en menor medida Argelia, si bien, al no contar con barcos suficientes, aquel éxodo resultó dramático desde el comienzo.


                                                   3

Este libro editado por el grupo Eleuterio Quintanilla (2), al igual que otros que le precedieron, es un grito que arrastra consigo viejas resonancias, pues transita por la injusticia, el dolor, y la impotencia, características universales en toda guerra. Cabe hablar por tanto de un grito de protesta, de reclamación inconclusa y en buena medida imposible ya, porque, al fin y al cabo, en la mayor parte de los casos sus protagonistas han muerto, e incluso quienes fueron los niños de aquel ayer viven hoy una ancianidad permanentemente acosada por el sentimiento de olvido. Es cierto que nos quedan sus testimonios o los de sus descendientes, cada vez con más frecuencia los nietos, pero resulta imposible no sentir en su lectura, tal como recuerda Anna Miñarro (3), que denotan “un trauma psicológico intergeneracional”, consecuencia de aquel ataque a sangre y fuego que durante años persiguió a “los rojos”, después llamados “desafectos” o simplemente “monstruos” por los apologetas de la dictadura franquista, fervientes defensores del nacional catolicismo. Y es que, como bien han recordado muchos historiadores, cuando en España acabó la guerra (que puede extenderse incluso hasta 1952) no llegó la paz. Cabría incluso preguntarse si aún hoy es posible utilizar esa palabra, “paz”, cuando aún quedan sepultadas en las cunetas y en los barrancos más de 100.000 víctimas de aquel enfrentamiento incivil, consecuencia de un golpe de estado militar fallido en la lejana fecha de 1936.                                                                    

"Tras aquel horror de casi 40 años pueden encontrarse algunas explicaciones de por qué la sociedad que salió del franquismo y la que comenzó a crecer con la democracia mostraron desinterés hacia quienes habían sido las víctimas"













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      Como un libro remite muchas veces a otros anteriores, permítanme citar aquí España partida en dos (4) del historiador Julián Casanova y su recordatorio de que la apelación a la violencia y al exterminio del contrario fueron cuestiones esenciales en la guerra de España que continuaron vigentes tras la victoria de los nacionales y durante la dictadura. Hasta el final. Baste citar que Franco firmó cinco penas de muerte apenas dos meses antes de morir en un hospital madrileño en noviembre de 1975. Tras aquel horror de casi 40 años pueden encontrarse algunas explicaciones de por qué la sociedad que salió del franquismo y la que comenzó a crecer con la democracia mostraron desinterés hacia quienes habían sido las víctimas de un proceso histórico en el que la muerte, el dolor, la separación y el exilio provocaron una ruptura radical con el pasado, sin opción al duelo, contaminando la posterior historia a través del silencio y el miedo. Quizá podría hablarse de un duelo congelado y desear que testimonios como los recogidos en estas “Historias de vida” ayuden en alguna medida a superar aquel trauma, pero entonces cabría advertir también que estamos ante una historia inacabada, sin fin y sin resolución definitiva. De hecho, como reconocen las autoras de este libro, ya es imposible cambiar el pasado, y su principal cometido tal vez sea tan solo aliviar el presente.

Pero volviendo a la pregunta inicial, imaginemos ahora un laberinto con decenas, tal vez centenares, de caminos convergentes y divergentes por los que transitaron muchos republicanos hasta comprobar que en realidad la derrota no había sido solo política, sino sobre todo vital, puesto que era el cambio de régimen, pasando de la monarquía a la república, el que había dado sentido a su existencia.
Antonio Machado lo expresó dubitativo:
"Para los estrategas, para los políticos e historiadores todo está claro, hemos perdido la guerra. Pero humanamente no estoy tan seguro, quizá la hemos ganado".


(1) Para parar las aguas del olvido, Paco Ignacio Taibo I. Ediciones Júcar, 1982
(2) El grupo ELEUTERIO QUINTANILLA está integrado por docentes de distintas etapas de enseñanza en Asturias que tienen como principal objetivo la educación intercultural y antirracista.
(3) La psicóloga Anna Miñarro es autora del informe incluido en este libro “Duelo, desapariciones, exilio. Trauma psíquico y transmisión intergeneracional” (páginas 19 a 25).
(4) España partida en dos, Julián Casanova. Editorial Crítica. Barcelona, 2013
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Autoras: Rosa Calvo Cuesta y Enriqueta Ortega Valcárcel. Grupo Eleuterio Quintanilla. Título: Exilio republicano asturiano. “Historias de vida”. Editorial: Impronta, Gijón. Venta: Amazon

lunes, 18 de enero de 2021




Un viaje a Kálymnos, la isla de las viudas 


Por PEDRO ALBERTO MARCOS



Pablo se despertó sobresaltado tras sentir que el tren de aterrizaje del avión tocaba tierra. El sueño le había vencido apenas el avión de Olympic Air despegó de Atenas (el tedioso viaje previo desde Madrid continuaba siendo insufrible) pero ya podía ver desde la ventanilla el paisaje entre marrón y amarillento de aquella isla del Dodecaneso, un archipiélago casi difuminado en las aguas del Egeo. Pensó luego que mejor no haber visto el aterrizaje en aquella pequeña pista situada sobre una colina que sin remisión alguna caía al mar. Era muy aprensivo y solo de imaginarlo el vértigo le dominaba. 


-¡Bienvenido al paraíso de las esponjas!- fue el saludo de la joven que parecía tener como principal misión entregarle un escuálido folleto turístico apenas llegado al aeropuerto. 

Pablo respondió tímida y educadamente aunque él no era un turista  más. Aquel viaje a Kálymnos respondía a otro interés que tenía su origen en una foto en blanco y negro, arrugada por el tiempo, en el que tres mujeres enlutadas, de rostros secos y edad indefinida, parecían gritar su desconsuelo. En el reverso de la foto tan solo había una frase, “la isla de las viudas” y una fecha, “1965”.

Habían pasado muchos años desde entonces y Kálymnos se había convertido en un lugar en el que el inevitable turismo de playa convivía con dos actividades singulares, la escalada y el buceo, aunque era precisamente este último el que motivaba el viaje de Pablo, pero no en su vertiente deportiva. 


Todo había comenzado tiempo atrás con una conferencia en el aula Magna de la Universidad de Oviedo durante la que un viejo profesor montenegrino, Nikos Testas, haciendo memoria de la Grecia nacida tras la dictadura de los coroneles y la revuelta en la universidad Politécnica de Atenas en 1974, había hecho mención a la “isla de las viudas”. Fue entonces cuando Pablo, sin saber muy bien porqué, relacionó aquella historia con la fotografía de las mujeres enlutadas guardada entre las hojas de un libro del abuelo Manuel, marinero de aventuras por aguas del Mediterráneo, que había encontrado cobijo en el desván de la casa familiar en el que se fueron amontonando recuerdos y telas de araña. Pese a que en su momento la conferencia del profesor Testas le hizo pensar en la posibilidad de profundizar en aquella coincidencia, al final, y a causa de otras urgencias laborales periodísticas, hubo de renunciar. Recién estrenado el 2015 por fin creyó llegado el momento: adelantaría las vacaciones de verano a la primavera –al igual que en gran parte del Egeo, el calor en Kálymnos abrasa a partir de junio-, y tras conseguir a través de las redes sociales el contacto de un residente en la isla, Xanthus Mitsotakis, comenzó a organizar el viaje a la isla griega.


El taxista que trasladó a Pablo desde el aeropuerto hasta el hotel Melina en Pothía (se supone que en honor de la actriz y cantante Melina Mercouri), le puso en antecedentes de lo mal que estaba todo, ya fuese por la crisis económica, el aumento de inmigrantes o la política. ¿Culpables supremos para el taxista parlanchín? Como siempre Atenas y Turquía. En realidad Kálymnos se encuentra a escasas nueve millas de la costa turca, así que el temor hacia “el eterno enemigo” se daba por descontado. De la inmigración mejor no hablar, pensó, pues sobre su mesa de trabajo había dejado un reportaje de la revista 5W en la que se relataba el enésimo asalto de un nutrido grupo de subsaharianos a la valla de Melilla, con fotos que solo de mirarlas provocaban escalofríos y no poca vergüenza.  







Ya en el hotel y antes de deshacer la maleta pensó que debería hablar con su contacto, Xanthus, y organizar bien los pocos días de estancia en la isla pero al final optó por darse una ducha rápida y salir a la calle. Aunque en mayo ya se hacían notar de vez en cuando las altas temperaturas, eran ya las ocho de la tarde y la brisa que entraba a Pothía por el este hacía agradable el paseo. Decidió luego cenar en un pequeño bar cercano a su hotel y mientras le preparaban un plato de berenjenas con bacalao y entre sorbos de retsina, sacó su bloc de notas. Consultando libros y artículos había descubierto que las viudas enlutadas de la foto tenían relación con el buceo, pero no con el dirigido ahora al turismo sino al que había dado sustento a centenares de familias y fama a la isla: la pesca de esponjas. Pablo sabía de literaturas y esas cosas pero era un completo ignorante en lo referente a las profundidades marinas y se asombró al descubrir que las esponjas no eran “plantas” o “hierbas” como suponía, sino animales invertebrados que carecen de tejidos y de sistema nervioso. Era evidente que en aquellos animales estaba el misterioso origen de las mujeres enlutadas, pero aún no podía comprender su verdadero alcance. Decidió regresar al hotel, a dormir. No sentía el jet lag pero sí un profundo cansancio. Al día siguiente, pasadas las dos de la tarde, le despertó la señora de la limpieza, se asomó al balcón y desde las montañas que rodeaban el pueblo llegó un olor profundo y agradable a limón que le levantó el ánimo. Pensó que el Mediterráneo, tan distinto a su Atlántico norte, tenía a veces esas compensaciones.

A última hora de la tarde, previa llamada de teléfono, Pablo tuvo su primer encuentro con Xanthus.

-Hola– saludó el griego sonriendo y con un apretón de manos-. Me alegra que por fin nos hayamos conocido. La verdad es que dudaba de si al final vendrías a desentrañar esa historia que tanto te intriga de las viudas, sobre todo porque las redes sociales son muchas veces…, cómo decirlo, ¿un mar tan falso y tormentoso como lo es a veces el Egeo?. Pero ya veo que los españoles sois gente de fiar-. Y  el griego mantuvo su sonrisa. 

Su contacto en la isla, tal vez 28 o 30 años, era de mediana estatura, delgado, y moreno de pelo y tez   -desmintiendo así el significado original de su nombre-, había estudiado idiomas, inglés, francés y sobre todo español, que hablaba con perfección, y trabajaba en una agencia de viajes como guía turístico. Cuando Pablo le explicó que solo disponía de tres días para intentar conocer la historia que el libro del abuelo había guardado durante años, no pareció sorprenderse.

-Perfecto, tampoco vas a necesitar mucho tiempo, si quieres puedo recomendarte dos o tres visitas que seguro te aclararán algunas cosas; también entrevistas con personas que te hablen  de las viudas. Así comprobarás por ti mismo que no hay mucho misterio pero sí algunas deudas pendientes. Mañana tengo trabajo hasta las cinco de la tarde ¿quedamos en tu hotel a las seis?-. 

¿Deudas pendientes? Pablo evitó preguntar y Xanthus le aconsejó visitar el museo Marítimo y a ser posible también el Arqueológico.

-Los dos abren por la mañana, son modestos pero interesantes. Si quieres comer o cenar cerca de aquí está la taberna Pantelis, partiendo del puerto no hay pérdida. Tienen buen marisco, buenos quesos y mejor vino-.






El hotel Melina estaba a poco más de cinco minutos  a pie del puerto y su segunda noche en la isla decidió dedicarla a un vicio inevitable, pasear. Abundaban las tascas y los anuncios de barcos que iban a la costa turca, primero a Cos, en la vecina isla, y de allí a Bodrum. Mucho más al norte estaba Kusadasi, pueblo fronterizo que Pablo había visitado años antes en su primer viaje a Estambul. Hizo una cena rápida y se refugió pronto en su habitación: quería conectarse a internet para saber cómo iban las cosas en Asturias.

La visita a los museos al día siguiente le resultó ciertamente  instructiva, aunque buena parte de lo que en ellos se contaba y podía verse ya era de su conocimiento a través de los artículos y libros consultados. Se ratificó por tanto en lo ya sabido: allí había viudas porque sus maridos habían muerto a causa de la pesca de esponjas. Pese a esa certeza, la fotografía de las mujeres enlutadas y dolientes seguía intrigándole, como si aquellos rostros intentaban trasladar en realidad otro mensaje, una conexión que Pablo no conseguía desentrañar. 

-Te presentaré a Theo Makris, fue buceador y aunque tiene mal genio le gusta recordar historias. Lo hace por venganza porque ahora malvive con su pensión y vendiendo baratijas en la playa. Es anarquista de los que ya no existen. ¡Ah! y le gustan mucho los españoles, ya lo verás - dijo Xanthus en la segunda cita.

El viejo Makris, 96 años ocultos tras una abundante melena gris, ojos vivaces y un corpachón batiente por la cojera, fue parco en palabras al principio, incluso desagradable, aunque la habilidad de Xarthus como traductor evitó que la conversación acabase pronto.

-Dile al turista que si quiere que le hable de las viudas tiene que comprarme dos…, no, dos no, mejor tres pulseras. Con diez euros arreglamos el asunto- 

Pablo aceptó, Theo Makris extendió su mano para recibir el pago y tras guardarse los diez euros en el bolsillo de la camisa le dijo a Xarthus que las tres pulseras se las daría más tarde al español.

-El origen de todo mi interés está en este retrato que tiene ya 50 años y en el que solo se dice que es “la isla de las viudas”, señor Makris. Lo encontré en el desván de la casa familiar, en Asturias, en el norte de España, que es donde nací y vivo.

 Pablo le mostró la foto en la que los rostros de las viudas parecían ya difuminarse. Tras mirarla durante unos segundos con indiferencia, el viejo cerró los ojos, suspiró profundamente y luego comenzó a hablar como si en realidad fuese un rezo, o la dramatización de un texto. 

-A los buceadores nos pagaban por número de esponjas. Pasábamos meses navegando, durmiendo a la intemperie en la cubierta del barco bajo las estrellas, comiendo poco y mal y reventando los pulmones al tener que bajar a 30 metros de profundidad para pescarlas y no una, ni dos, sino varias veces al día. Los patrones decían que las esponjas eran “el oro de Kálymnos”, los muy cabrones, pero la narcosis nos destrozaba…, unos simplemente no regresaban a la superficie mientras que otros quedaban inútiles para el resto de sus vidas. De cada diez pescadores que salían del puerto solo regresaban cuatro o cinco. Por eso había tantas viudas en la isla. Morían sus maridos pero también sus hijos. No hay ningún misterio en esa foto que me has enseñado, solo explotación y tragedia.

-¿Y usted?¿cómo fue que se salvó?- acertó a preguntar Pablo durante unos breves segundos de respiro que se dio Theo Makris para coger aire.-

-Cuando nos invadieron los nazis alemanes en 1943 yo tenía 24 años y llevaba ya nueve buceando a pulmón para sacar esponjas. Dejé de pescar porque había que tomar las armas y defenderse de aquellos hijos de puta. Dos años después terminó la ocupación pero esta isla era ya un desierto en el que solo había hambre. Se dice que emigraron entonces más de 9.000 personas, y yo creo que se quedan cortos. Como las desgracias nunca vienen solas, una enfermedad comenzó a destrozar las esponjas en el Egeo y más allá, así que todo se hundió.

De pronto el viejo pescador dio por concluida la entrevista. Se levantó musitando unas palabras sin tan siquiera mirar a Pablo y tras mover con desgana su mano izquierda a modo de saludo se fue calle arriba, caminando lentamente y con dificultad.

-Me ha dicho que si lo deseas puedes volver mañana, a la misma hora y en este mismo lugar…, aunque, bueno, no te lo tomes a mal, pero volverá a costarte diez euros. ¡Ah! y olvídate de las pulseras, si quieres hacer algún regalo mejor lo buscas en las tiendas para turistas. No son de calidad pero tampoco muy caras- Resumió el siempre sonriente Xarthus.





Mientras regresaba al hotel Pablo echó cuentas: aún le quedaban dos días de estancia en la isla, así que volvería a ver al anarquista pescador de esponjas y aprovecharía el último día para visitar una zona arqueológica de la isla, cerca de Pera Castro, en la que habían descubierto restos de una antigua acrópolis y de un templo, cuya antigüedad, decían, superaba los 2.000 años. 

Ya en la habitación, apenas abrió el correo electrónico en su portátil comprendió que el viaje llegaba a su fin. El director de la revista reclamaba urgentemente su presencia y tenía que regresar en 24 horas. Todo a la mierda, se dijo.

-Xarthus, disculpa, ¿no podríamos adelantar el encuentro de mañana con el señor Makris?- Al otro lado del teléfono se hizo un breve silencio- Es que ha surgido un imprevisto y tengo que regresar a mi país-.

-Imposible. Por mí no hay problema, pero el viejo anarquista tiene su tiempo muy bien organizado. Borrachera por la noche, dormir hasta el mediodía y luego acosar a turistas con sus pulseras. No cuentes con él antes de las cinco- respondió su siempre amable traductor particular.

Pablo despertó pronto el que sería su último día en la isla de las viudas. Después de preparar la maleta y de que su agencia le confirmase que no había problema con los billetes de vuelta, pidió desayunar en la terraza del hotel. Yogur con miel, café y una rosquilla de pan con sésamo. Cuando el sol se hizo notar cerró los ojos y pensó en lo agradecido que estaba con Xarthus Mitsotakis, sin cuya ayuda el viaje habría sido un fracaso. ¿Y Makris?¿qué podría contarle de nuevo el viejo? Posiblemente nada, cobraría sus diez euros y saldría pitando a quemarlos en vino, cerveza, o metaxá. Estaba en esas cavilaciones cuando de pronto sonó su teléfono móvil.

-Hola, oye, español ¡sorpresa! el viejo acepta verte este mediodía. Ya te dije que ibas a caerle bien, jajajaja. Nos vemos en la taberna Stukas, frente a los pantalanes del puerto. Chao, chao-

La mañana pasó como un suspiro para Pablo mientras realizaba algunas compras de los regalos típicos griegos: cinturones de cuero, pipas de espuma de mar, una sortija de plata con dos pequeños defines y, -cómo no-, esponjas naturales. 

Poco antes de las doce ya estaba sentado en la terraza de la taberna sugerida por Xarthus, cuyo nombre -¡oh casualidades del destino!- era el mismo que el de un grupo de rock que había conseguido pequeños momentos de gloria en España a finales del siglo XX. Poco después llegaban Theo Makris y Xarthus Mitsotakis.

-Tenga, señor Makris, sus diez euros -dijo Pablo casi sin inmutarse, al tiempo que le mostraba la bolsa de regalos- y como ve ya he hecho mis compras de souvenirs, así que no tiene que darme ninguna pulsera. Sí quería hacerle una pregunta ¿queda viva alguna de las viudas enlutadas a causa de la pesca de esponjas?

El viejo anarquista escuchó atentamente la traducción que Xarthus hacía de las palabras de Pablo, bajó luego su mirada al suelo y al igual que el día anterior comenzó a hablar como si estuviese en la platea de un teatro ante una audiencia embelesada. 

-Todas las viudas están muertas pues ha pasado mucho tiempo, tanto que entonces yo aún era joven y ahora soy un viejo. Ya nunca podrás entrevistarlas, ni retratarlas porque no existen. ¿A qué viene ese estúpido interés por una foto olvidada en un libro? No hay ningún misterio. Ni lo hubo ni lo hay. Solo injusticias y explotación-

Mientras Makris hizo una pausa tratando de devolver algo de aire a sus agotados pulmones, el rostro de Pablo fue tornándose serio, tal vez intuyendo que aquella última conversación no acabaría bien.

-Yo también tengo preguntas. Poco después de cumplir 15 años, mi padre, que era maestro aquí, en Pothía, me dio a leer un periódico en el que una foto ocupaba toda la portada. ¿Sabes qué mostraba la fotografía? A un grupo de mujeres enlutadas mesándose los cabellos y gritando. ¿Adivinas porqué? Ayer me dijiste que eras español del norte, de Asturias ¿no? Pues resulta que aquellas mujeres eran de donde eres tú, y la foto hecha noticia hablaba de la Revolución de Octubre, de la represión contra los mineros del carbón que fueron quienes se levantaron contra el hambre, y de la que las mujeres también fueron víctimas. Las nuestras enviudaron por la narcosis y la explotación que sufríamos los pescadores de esponjas y las vuestras por la silicosis y las injusticias que acababan con las vidas de los mineros. Tan lejos y sin embargo tan parecidos los destinos. No busques más. No hay ningún misterio. Solo injusticias. La foto de nuestras viudas que encontraste en el libro de tu abuelo, como la que pude ver yo de las vuestras en el periódico que mi padre había comprado, no mostraban más que la realidad. Una misma realidad.

Ni Pablo ni Xarthus acertaron a decir nada. Theo Makris, el viejo anarquista que había sido pescador de esponjas, se levantó poco a poco de la silla y mientras echaba a andar hacia la playa con sus pulseras colgando del brazo se le oyó musitar: Que tengas buen viaje de regreso, español. Y salud.


(Relato escrito para la revista "Ochobre". Diciembre, 2020)





martes, 3 de marzo de 2020

ERNESTO CARDENAL, GASPAR GARCÍA LAVIANA Y MARILYN MONROE

Por PEDRO ALBERTO MARCOS




El relevante papel político del recientemente fallecido Ernesto Cardenal como miembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1), la organización guerrillera que combatió y derrotó a la dictadura somozista en Nicaragua, así como la vocación sacerdotal a la que nunca renunció pese a haber sido sancionado en 1985 por el Papa Juan Pablo II, no restaron valor a su obra poética, muy ligada por otra parte en los afectos a la de otro cura guerrillero, Gaspar García Laviana, asturiano de la cuenca minera, con quien Cardenal compartió esperanzas e ilusiones bajo el grito de rebeldía que por entonces retumbaba en las montañas hasta bajar al valle: ¡Patria libre o morir!, como resumen de la lucha contra la tiranía de un dictador y contra la tiranía de la miseria.
Ernesto, que fue ministro de Cultura en Nicaragua tras el triunfo revolucionario, no dejó de escribir poemas nunca, recibiendo numerosos reconocimientos por parte de instituciones que valoraban por igual su contribución ética, literaria y política. La Academia Mexicana de la Lengua le hizo miembro correspondiente, al tiempo que su obra era galardonada con el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, el Premio Internacional Mario Benedetti o el Premio Reina Sofía de Poesía. En el año 2005 fue nominado, sin éxito, al Premio Novel de Literatura. Cuando le preguntaban en las entrevistas por sus lecturas e influencias poéticas citaba siempre dos nombres, Rubén Darío y Pablo Neruda.
Tras su muerte, la poetisa Gioconda Belli (2), que también había compartido amistad con García Laviana, dijo de Ernesto Cardenal: "(...) concentraba en él dos rasgos esenciales de la identidad nicaragüense, el espíritu de lucha por el país amado y el amor por la poesía".

De su amplia obra literaria recupero el poema titulado "Oración por Marilyn Monroe"

Señor
recibe esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn
Monroe, 
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleada de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El tempo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
                                                   se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor impuntualidad a los estudios.
Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un eso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos 
se descubre que fue bajo reflectores
                                                          ¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
          porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
         la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien ue ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gánsters 
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
           ¡Contesta Tú al teléfono!


(1) Ernesto Cardenal abandonó el Frente Sandinista de Liberación Nacional en el año 1994 ante la evidente deriva autoritaria del que fuera su compañero en la guerrilla y todavía hoy presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. A partir de entonces se integró en un grupo de ex sandinistas opuestos a Ortega entre los que estaban Sergio Ramirez y G. Belli.
(2) Gioconda Belli es periodista y escritora. Durante la dictadura de Somoza estuvo exilada en México y Costa Rica. Entre otros premios ha conseguido el que concede la Casa de las Américas; el Pluma de Plata por su novela "El pergamino de la seducción" (2005); Premio Biblioteca Breve de Novela de Seix Barral (2008); Premio Hispanoamericano de Novela La Otra Orilla con "El País de las mujeres" (2010); y Premio de las Bellas Artes de Francia (2014)


martes, 4 de febrero de 2020

TAL COMO ÉRAMOS


"La Rebelión de la Cultura en Asturias"



Todo libro escrito con claridad, conocimiento y entusiasmo, no solo es un soplo de aire vivificador sino también una alegría que merece expresarse sin ambages. Si además quien lo ha escrito es amigo personal, y sobre todo un filólogo e investigador reputado como Benigno Delmiro Coto (1), esa alegría resulta aún mayor. Permítaseme por tanto recibir esta "Rebelión de la Cultura en Asturias" (las sociedades culturales frente al franquismo) como ya lo han hecho decenas de personas, bien fuese durante su primera presentación el pasado mes de diciembre en el salón de actos del Archivo Histórico de Asturias, en Oviedo, o más recientemente en el club de Prensa de La Nueva España en Gijón: con agradecimiento hacia el autor ante el magnífico esfuerzo recopilatorio realizado, a la Fundación Juan Muñiz Zapico promotora de la iniciativa, a la editorial KRK por el resultado final de la edición y al Gobierno del Principado sin cuyo apoyo económico posiblemente este libro no sería una hermosa realidad tangible.
Dice Benigno Delmiro que las casi 500 páginas de esta Rebelión podrían ser muchas más porque la historia de las asociaciones culturales asturianas durante el franquismo, pese a las dificultades naturales y sobrevenidas para consultar documentación pero con la ventaja de contar con testimonios de muchas personas que fueron protagonistas de aquel tiempo, son un pozo sin fondo en el que anidan por igual ejemplos tan extraordinarios como las Fiestas de la Cultura, las censuras, multas, sanciones y actitudes provocadoras de la Brigada Político Social de la dictadura, el espíritu resistente de la izquierda clandestina, y sobre todo ese hálito esperanzador que logró sobreponerse a la dura represión que hubo de soportar la clase obrera en un tiempo de atraganto. Sus protagonistas fueron, viene a decirnos Benigno Delmiro, unos rebeldes con causa, no tanto partidista como abierta a la inquietud, al conocimiento, al disfrute del pensamiento plural, a la información por entonces secuestrada y rota, es decir, a la libertad.
Como el autor ha tenido además la amabilidad de invitarme a escribir el epílogo del libro aprovecho por tanto las últimas palabras de ese texto para cerrar estas breves anotaciones sobre las asociaciones culturales:
"(...) De ahí venimos, cierto, pero no hay el menor atisbo de nostalgia ni melancolía al recordarlo, aunque sí agradecimiento a cuantas personas, unas conocidas y reconocidas, otras anónimas, cuyos nombres, rostros, palabras y gestos perviven en nuestra memoria".

(1) Delmiro Coto es natural de Les Roces (San Martín del Rey Aurelio), doctor en Filología, ejerció su magisterio como catedrático de Lengua y Literatura hasta alcanzar la jubilación. Es autor de los libros "Literatura y Minas en la España de los siglos XIX y XX", "Escritura creativa en las aulas" y de la biografía de "Faustino Sánchez"