miércoles, 6 de julio de 2022

 COSAS DE FAMILIA 


RAFFAELLA CARRÁ,

UN AÑO  

DESPUÉS




 

Por PEDRO ALBERTO MARCOS


Raffaella María Roberta Pelloni, de nombre  artístico Raffaella Carrà, con apellido que adoptó en memoria del que fue uno de los pintores y escultores italianos más importantes del siglo XX, Carlo Carrà, falleció en 2021 a los 78 años y ocurrió entonces que durante unas horas e incluso días todo fue un torbellino de recuerdos en torno a su nombre que, más allá de la posible nostalgia, bien puede decirse que hicieron más agradables las vidas de muchas personas. Era una estrella del espectáculo que cantaba, bailaba, hacía entrevistas, dirigía concursos, y que caía muy bien a millones de españoles, italianos, griegos, sudamericanos, etc, aunque antes de seguir he de confesarles un secreto: en nuestra familia, a Raffaella la conocíamos simplemente como Rafaela, sin tanta efe y ele, pues el nivel de confianza con el que hablábamos de sus historias no admitía límites. Es verdad que a tenor de lo que pudo leerse, verse y escucharse tras su muerte el 5 de julio de 2021, esa confianza era ampliamente compartida por muchas otras familias, pero permítanme que defienda como se merece la singularidad del vínculo que unía a la nuestra, a los Marcos Lucas, y muy especialmente a mi madre, Bea, con una mujer tan guapa, simpática y elegante como “nuestra Rafaela”. 

Tal como reconocen ahora hasta los más irreductibles, esta italiana nacida en Bolonia nos ayudó desde su libertad, no solo a comprender que la vida merece afrontarse con alegría, sino también a aceptar qué significaban cuestiones como la liberación sexual, el amor libre, el adulterio, la homosexualidad masculina, la masturbación femenina, y -¡oh dioses del Olimpo!- aquella bendita clase obrera que Raffaella reivindicaba con las palabras y con su voto de izquierdas al comunismo de Enrico Berlinguer en la Italia de finales del siglo XX, pese a ser plenamente consciente de que los herederos de la famélica legión posiblemente no llegarían nunca a alcanzar el paraíso. 

¿En qué momento, cómo y porqué entró Raffaella en nuestra casa, la de los Marcos Lucas, convirtiéndose en esa persona cercana y familiar, que ha estado acompañándonos en todo momento, incluso ahora, que se cumplen doce meses de su muerte?  Situémonos 31 años atrás, al principio de la década de los 90, cuando aún las televisiones privadas daban los primeros balbuceos en nuestro país y TVE era La Primera, no solo por el nombre sino en la realidad de las audiencias. La Raffaella Carrá artista había llegado por entonces a nuestro país huyendo de la tontuna reaccionaria del Vaticano que con Juan Pablo II alcanzaría todo su esplendor en la década de los 80 (1). Su aparición en la RAI, la cadena de televisión pública italiana, mostrando mientras cantaba y bailaba el ombligo, había provocado la irritación de la curia, así que decidió largarse de allí y disfrutar de una España que aún estaba dejando atrás la dictadura, pero que era ya mucho más abierta y liberal en las costumbres de lo que sus propios beneficiarios reconocían. 




¡HOLA RAFFAELLA!

La cantante italiana triunfó plenamente aquí gracias a sus programas en TVE, alcanzando el cenit con “La hora de Raffaella”, en el que además de realizar entrevistas marcaba un número de teléfono al azar y la persona que recibía la llamada en su casa tenía que contestar “Hola, Rafaela”, llevándose así un importante premio en metálico. Llegados a este punto, les dibujo la siguiente escena:

Asturias, territorio bordeado por el Atlántico norte.  21,30 horas. Temperatura de ambiente agradable, aunque aquella tarde el nordeste se había dejado notar. Vivienda de alquiler en la calle Uría, en Gijón. Llego del trabajo y como Ana aún no había regresado de sus asuntos me dispongo a hacer la cena, si bien antes y por costumbre inveterada enciendo el televisor del que solo puedo escuchar el sonido pues la cocina me obliga a estar de espaldas a la pantalla. Mientras estoy en la tarea y comienza el programa de Raffaella Carrà -como aun no había confianza con la italiana mantengo su nombre artístico-, al tiempo que me entretengo pensando que mañana por fin llegará el fin de semana para ir a pescar al pedreru. Tontunas de periodista ocioso, me dijeron una vez. En esas estaba cuando escucho a Raffaella anunciar su concurso de llamada telefónica. ¿Harán trampa? Siempre comentamos esas cosas en la tertulia del bar, pero ahora prefiero centrarme en batir los huevos para la tortilla de patatas. De pronto, como si algo extraño hubiese invadido el piso, creo entender que Raffaela acaba de anunciar que “Nos vamos a la casa de la familia Marcos Castro… en Asturias”. Me vuelvo incrédulo hacia el televisor y durante unos segundos dudo si habré entendido bien: familia Marcos Castro. ¡Hostia! Marcos Castro solo conocía a tres: mis tíos Senén y Juan y su hermano que era mi padre, Emilio, ya fallecido por entonces, pero que seguía figurando en el listín telefónico. Mientras se escuchaba el riiiiiing, riiiiiing de la llamada Raffaella repite los apellidos y añade: “Vamos a ver si alguien contesta de la familia Marcos Castro de… (duda mientras lee en la tarjeta)… de El Entrego”. Aparto la sartén con las patatas y la cebolla y me siento frente al televisor. Vuelve a oírse la llamada, posiblemente era ya la última vez, pero por fin alguien descuelga el teléfono:

- ¿Quién ye…?- 

¡Ay dios! La voz me resultaba totalmente reconocible. Bea, mi madre, aunque de origen extremeño llevaba viviendo en Asturias desde los 21 años y hablaba ya como cualquier nativa de la cuenca minera, versión güeriata. Hay unos segundos de suspense que se me hacen eternos hasta que la cámara vuelve a mostrar un primer plano de Raffaella:

    - ¡Ooooh, qué pena para la casa de la familia Marcos Castro de… (duda otra vez)… de El Entrego. No ha contestado ¡Hola Raffaella! Y ha perdido su premio que era de ¡50.000 pesetas!... Ooooh!-

Trago saliva porque no acabo de creerme lo que estoy viendo y oyendo. ¿De verdad era mi madre? ¿Había llamado Raffaella, la del concurso de la tele, a nuestra casa familiar? Pero pronto se disiparán todas las dudas con la conversación que siguió. Habla Bea, con tono compungido como tratando de recuperarse del golpe.

    - ¡Ay Rafaela, fía, ye que tengo la Primera estropiá y claro, estaba viendo la segunda cadena… ¿cómo iba yo a saber que yeres tú, muyer?-

    - ¡Ooooh!... Cuanto lo siento señora de la familia Marcos…, ha perdido usted ¡50.000 pesetas!-

    - Mira Rafaela, escucha, si yo siempre siempre te veo, fía, porque gústame mucho el tu programa y tamién como cantes y eso. Pero no sé, algo pasó porque ya te digo, estropiose la Primera y nun pude contestate, muyer…, yo que sabía-



Soy incapaz de recordar cuanto tiempo pasé sentado frente al televisor cuya pantalla ya era solo sombras. Todo parecía una especie de sueño incomprensible e inaudito. ¿Entre tantos millones de teléfonos de toda España habían elegido el de mi madre? Y encima cuando la llaman no sabe que es el concurso porque La Primera cadena está estropeada y en la Güeria ese días tenían que conformarse con La 2. Qué desastre. Cuando por fin Ana llegó a casa aún no me había recuperado del impacto y se asustó.

    - ¿Pero qué te pasa?-

Ella asegura que cuando entró en nuestro piso me encontró sentado, inmóvil, pálido, con el rodillo de la cocina sobre el hombro y que simplemente apuntaba con la mano al televisor repitiendo monocorde “Mi madre… Raffaella…Mi madre…Raffaela” Y que luego volviéndome hacia ella le solté una sentencia lapidaria: “No te vas a creer lo que acaba de pasar”. Pero no sé si será cierto porque aquellos momentos acabaron sumidos en una nebulosa. 

Como era un tiempo sin teléfonos móviles y aún no teníamos uno fijo en el piso, decidimos bajar a la cabina más próxima para llamar a Bea y tratar de animarla. Más de una hora después de la catástrofe su teléfono seguía comunicando, aunque ya estábamos seguros de una cosa, que no era  Raffaella quien la estaba llamando. La espera  en la cabina fue un calvario y cuando por fin conseguimos hablar con ella comprendimos que mi madre estaba completamente desolada: las vecinas, la familia de Madrid, la de Gijón, las amigas, todo el mundo era consciente de lo ocurrido y no hacían otra cosa que llamar por teléfono para darle ánimos. Cuando por fin conseguimos hablar con ella Ana trató de desviar la cuestión diciéndole:

       -  Venga, Bea, mañana es viernes, así que compra el cupón de los ciegos que seguro que te toca y te olvidas de lo que pasó hoy con el concurso.

Nunca debió darle ese consejo. Nunca. El panadero que subía todos los días con una furgoneta vendía el pan, sí, pero también lotería, el cupón de los viernes y lo que se terciase; lamentablemente, como mi madre aún no se había recuperado del golpe de la noche anterior ni siquiera bajó aquel viernes a comprar el pan: no quería encontrarse con las vecinas y repetir los lamentos que la habían dejado en vela toda la noche. Así que se quedó sin pan y sin el cupón de los ciegos. Y resulta ¡que tocó!, que el cuponazo regó de dinero aquel viernes al pueblo de El Entrego y al pequeño valle de La Güeria de Carrocera. Cuando Bea conoció la noticia su abatimiento fue total y absoluto. ¡El jueves la inesperada llamada de Raffaella y el viernes por el cupón de los ciegos que pasó volando!

De aquellos días tan desgraciados solo quedó una certeza: la historia entre la cantante italiana y Bea revoloteando permanentemente sobre la casa, en las conversaciones familiares, de tal modo y manera que nuestra Rafaela quedó unida para siempre al teléfono, a las averías de la Primera cadena, a las 50.000 pesetas perdidas y a la familia Marcos. Incluso ahora, pasado un año ya desde que nos dijo adiós. 



 

(1) La etapa de apertura de la Iglesia Católica a las nuevas corrientes sociales, iniciada por Juan XXIII a finales de los años cincuenta tuvo su continuidad con Pablo VI en 1963, pero finalizó con la prematura muerte de Juan Pablo I en 1978 y sobre todo con la irrupción del Papa polaco, Juan Pablo II. 


viernes, 6 de mayo de 2022

 Memoria Democrática

 

VICENTE GUTIÉRREZ SOLÍS, 

EL COMUNISTA QUE NO ERA HIJO DE STALIN

Por Pedro Alberto Marcos

 



“Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones. Me gusta la gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad”

(Mario Benedetti en “La gente que me gusta”)

 

La célula comunista a la que pertenecía tuvo aquella tarde un orden del día normal, casi diríase que aburrido: análisis de la situación política, directrices y recomendaciones llegadas “desde arriba” y posibles nuevos afiliados. Éramos ocho en la reunión y, como casi siempre, solo habló el responsable, quien finalizó su discurso con un anuncio:

-La próxima vez vendrá un camarada de la dirección. Lógicamente, no puedo deciros quién es, pero sí que va a trasladarnos un mensaje muy importante. ¿Alguna pregunta? -

Silencio, miradas cómplices y alguna sonrisa de difícil interpretación. Así pues, nadie preguntó de quien se trataba, pero mi imaginación echó a volar. ¿Alguien que regresaba secretamente del exilio? ¿que había estado en la cárcel? ¿que había vivido clandestinamente por casas y montes? La cultura comunista, por mor de la clandestinidad, solía moverse entre ese tipo de misterios que, he de confesarlo, a muchos jóvenes de entonces nos resultaban provocadores y también atractivos. 

“El camarada de la dirección” resultó que se llamaba Vicente G. Solís y el día que le conocí me dejó impresionado por muchas razones, era un tipo grande y elegante en el porte pero sobre todo me sorprendió su rostro. El grito surgió espontáneo igual que el codazo que le di a quien estaba sentado a mi lado:

-¡Meca! Si parez el fiu de Stalin- 

No daba crédito, con aquel bigote convertido en mostacho y el peinado hacia atrás, “el camarada de la dirección” parecía sacado de un tiempo en blanco y negro. Así fue como la palabra “Stalin” salió ahogada de mi garganta, casi temerosa, algo que no dejó de sorprenderme pues ya por entonces presumíamos de ver a los comunistas de la URSS bajo la humillante bota de la burocracia. Lo cierto es que estaba hablando de Iósif Stalin, del “padrecito” de la Revolución Soviética, de un mito rebosante de historias contradictorias, casi telúricas al proceder de la patria del proletariado, de la tierra prometida para los parias de la tierra, y también un señor que había muerto hacía ya mucho tiempo, exactamente cuando yo tenía tan solo un año de vida. 

Aquella sorpresa no empañó para nada la satisfacción de haber conocido por fin a un dirigente del partido del que tanto me habían hablado. Y es que a mí aquellas cosas me impresionaban mucho y cada vez que conocía a un clandestino como Vicente se repetían las mismas sensaciones. Reuniones secretas, huelgas y manifestaciones eran la parte inicial de un guion que acababa por lo general en detenciones, golpes y cárceles, pasando en muchas otras ocasiones por la pérdida de los puestos de trabajo, el destierro o incluso el exilio. Hablo de los años duros que, por ejemplo, vivieron las cuencas mineras asturianas desde finales de los años cincuenta del pasado siglo XX y sobre todo durante buena parte de los sesenta. Vicente, como otros, pagó caro entonces su compromiso político. Vayamos por partes.

La clandestinidad aún obligaba por entonces a mantener una cultura que los comunistas llevaban marcada a sangre y fuego, nacida prácticamente desde sus orígenes, allá por el año 1921, cuando el PCE había sido legal tan solo durante dos años, y luego en 1931, con la segunda República, otros ocho. Mucho tiempo después, superada formalmente la dictadura franquista, el partido consiguió en 1977 la nueva legalización. Así pues, de 56 años de existencia, 46 había sido una organización ilegal y por tanto perseguida. 

-Los comunistes casi siempre yéramos ilegales y llevando hosties ¿crees que eso nun pasa factura? – Sentenció Chus Pesetes, nuestro vecino de la Güeria de Carrocera que trabajaba con mi padre en el pozo Sotón y le pasaba el “Mundo Obrero” en la lampistería.

En realidad ¿Cuál era el estilo de aquellos cuadros militantes como Vicente G. Solis? Benigno Delmiro Coto (1), buen amigo desde que coincidimos en la asociación cultural “La Amistad” de El Entrego y luego en el PCE, lo resume con estas palabras:

-“Yo empecé a tener referencias de ellos de forma veladas ya desde niño, no en vano mi padre era barrenista del pozo María Luisa y participó en todo lo que se movilizaba desde el primer encierro de 1957. Se soslayaban sus nombres o apodos y eran respetados y admirados tanto por su arrojo como por su compañerismo. Sobraban las palabras y bastaban sus gestos en la casa de aseo para saber a qué atenerse”-

Siguiendo el hilo de ese “sobraban las palabras” que remiten, por ejemplo, a las llamadas “huelgas del silencio” de la minería asturiana durante la dictadura, cabe preguntarse cuándo y cómo comenzaron a instalarse los mitos en nuestras mentes. El ambiente cotidiano en una familia de clase obrera, de rojos, nos ayudaba desde niños a construir personajes que gozaban de cualidades asombrosas. La radio y sobre todo el cine, contribuían notablemente a desarrollar esa capacidad imaginativa, pero también los libros, ya fuesen “Viaje al centro de la tierra” o “La vuelta al mundo en ochenta días” de Julio Verne o el maravilloso “Guillermo hace de las suyas” escrito por Richmal Crompton. Luego estaban los misterios, lo nunca explicado: nuestro pariente Pepe Mata, primero había sido guerrillero socialista, luego fugau en el monte, y finalmente carne de exilio en Francia, al igual que Lolo y José María Marcos, los hermanos republicanos de mi padre, y el más pequeño, Armandín, que fue “niño de la guerra” y que nunca regresó a Asturias. De una u otra forma todos ellos fueron pequeños héroes que la historia se llevó por delante y ni tan siquiera las palabras fueron su refugio.

Vuelvo a Vicente y también a otros nombres de aquel tiempo de silencio: Herminio Serrano, Faustino Sánchez, Pichi, Nevado, Anita Sirgo, Tres Guerres, Paulino el de Tudela Veguín, y por supuesto a Horacio F. Inguanzo, el Paisano. Ciertamente, clandestinidades y mitos jugaban en un mismo terreno, fortaleciendo misterios y temores que inevitablemente alimentaban nuestra imaginación. Cuando había huelgas en las minas el enorme aparato de radio que reinaba en nuestra casa pasaba de la cocina a la habitación matrimonial, y allí, arrebujado entre mis padres, escuchábamos los tres Radio España Independiente, la mítica “Radio Pirenaica” (2) en la que a veces hablaba Dolores, la Pasionaria, arengando a los mineros. ¿Cómo no estremecerse ante tantos recuerdos que habían conformado nuestra infancia?

Después del día de autos en el que conocí al que parecía hijo de Stalin y dada la ya mentada agitación en la que vivíamos, mis encuentros con el camarada Vicente fueron a más, sobre todo cuando coincidimos ambos en la dirección del PCE en Asturias y él, siempre solidario, con el fin de que yo pudiese ahorrar algo de dinero, me llevaba a las reuniones en su coche. Estábamos los dos en el secretariado del partido pero había notables diferencias, y no solo por la edad, la experiencia, los años de militancia, etc, sino también por su instinto político y la cultura de dirigente obrero represaliado, en la que ya no imperaba el lenguaje militarista que utilizó el PCE tras el triunfo del nacionalcatolicismo en la guerra, pero sí el sentido especial de algunas palabras, por ejemplo, la entonación con la que decía “camarada”, o con la que te daba o quitaba razones utilizando el “precisamente…”; también porque su sola presencia obligaba a recordar los peligros que aún acechaban entonces, un tiempo que no era ni mucho menos de vino y rosas. La experiencia de ser ilegal, clandestino, subversivo y rebelde acarreaba todo tipo de incertidumbres, pero en activistas como Vicente la esperanza se situaba siempre por encima del sufrimiento.



En ese contexto no es de extrañar que, llegado el momento de pedir el ingreso como militante en el PCE, la bienvenida fuese acompañada de advertencias, tal como recuerda Benigno Delmiro, quien entró en el partido en el otoño de 1973. Vicente G. Solís era por entonces el responsable político de los comunistas en el Valle del Nalón y por tanto le correspondía a él dar las primeras instrucciones a los nuevos militantes clandestinos sobre el funcionamiento orgánico del partido, sus futuros contactos dentro de la organización y la entrega de un folleto titulado “El comportamiento de los comunistas ante la policía”, un manual de instrucciones que según Benigno “indicaba cómo afrontar los interrogatorios y las torturas que con probabilidad habría que sufrir y que ponían los pelos de punta”.

Llegaron luego tiempos vertiginosos, sobre todo tras la muerte del dictador en una cama de hospital. Aunque hoy no se recuerde, o carezca de importancia para los analistas, entre el adiós de Franco en 1975 hasta que se aprobó por votación la Constitución democrática en 1978 tan solo pasaron tres años que guste o no guste acabaron marcando el futuro. Tres años, tres. En ese breve lapso de tiempo los clandestinos pasaron a ser legales e incluso entraron en las instituciones, pero la llegada de la democracia trastocó todo. El PCE se hundió electoral y políticamente, y sin embargo personas como Vicente mantuvieron el tipo, trabajaron para su partido en los ayuntamientos y luego hicieron el camino de regreso, encontrando en las asociaciones de vecinos nuevos motivos para seguir luchando. Durante un tiempo le perdí la pista, hasta que en el año 2013 nos reencontramos en la Fiesta de la Cultura, en Gijón. Llevaba boina y ya no se parecía tanto a Stalin. Le noté resentido con la historia, no tanto la suya en particular como la que había sepultado tantos esfuerzos de los comunistas españoles por conseguir la libertad. En el 2019 me envió un aviso: inauguraba en Sama de Langreo una exposición de objetos personales relacionados con la militancia comunista clandestina con el título “Que no caigan en el olvido” y me comprometí a visitarla y apoyarla. Acudí en compañía de mi compadre y colega Roberto Pato y de Luis Campello, amigo desde los años sesenta y compañero de viaje en tantas aventuras, y a Vicente le vi feliz recordando, reivindicándose legítimamente, con esa tozudez que Benigno Delmiro resume con estas palabras y que hago también mías:

-“Vicente G. Solís viene a demostrar que ha habido y sigue habiendo personas involucradas con los de abajo, con quienes sufren la injusticia económica y social, con los desheredados de la fortuna que necesitan con urgencia que se construya un mundo mejor, más igualitario y que desaparezcan los privilegios de grupo y de clase social”.

Muchas gracias, Vicente, aunque ya no parezcas hijo de Stalin. O también “precisamente” por eso, “camarada”.


      Vicente G. Solís acompañado por el autor de este artículo y por otro veterano                              comunista, Luis Campello, en el año 2019

 

(1) Benigno Delmiro Coto es Catedrático de Lengua y Literatura Española y autor de numerosos libros relaciones con la cultura minera (“Literatura y minas en la España de los siglos XIX y XX”, y “El trabajo en las minas y su presencia en la Literatura”); la música (“Nuberu en el tiempo”); y también de conocidos militantes comunistas como Horacio F. Inguanzo y Faustino Sánchez. Su último trabajo se titula “La rebelión de la cultura en Asturias. Las sociedades culturales frente al franquismo”.

(2) “Radio Pirenaica” era una emisora instalada primero en Rusia y luego en Rumanía pero que el PCE “situaba” justo al lado de la frontera española y francesa en los montes Pirineos, para mostrarles a sus militantes y simpatizantes que el partido “estaba” en condiciones de irrumpir en la España de la dictadura franquista y recuperar la República (de hecho, lo habían intentado en la invasión a través del Valle de Arán en 1944).

 

NOTA.- Artículo de PAM publicado en el libro “Y DESDE ENTONCES YA NO HUBO DOMINGOS. VICENTE GUTIÉRREZ SOLÍS, COMUNISTA Y DEMÓCRATA” de Héctor González Pérez. Editan: Consejería de la Presidencia del Gobierno del Principado y el Instituto de la Memoria Democrática. 

Primera edición: diciembre de 2021

 

domingo, 7 de noviembre de 2021

 CINECINECINEMÁSCINEPORFAVOR

 

ALEJANDRO 

DÍAZ CASTAÑO

Director del FICX:

“Muchas figuras del cine de autor contemporáneo siguen

queriendo estrenar en Gijón”

 


 por Pedro Alberto Marcos


PREGUNTA.- A pocos días ya de la inauguración oficial del Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón y después de la difícil experiencia del pasado año a causa de la pandemia ¿Qué es lo que más preocupa a su director? ¿la respuesta del público? ¿la aceptación de la crítica? ¿o esos pequeños detalles que no trascienden pero condicionan el estado de ánimo de quienes habéis trabajo durante tantos meses para que todo salga bien?

RESPUESTA.- Las preocupaciones que acarrea dirigir un festival de prestigio y la historia del FICX son numerosas y efectivamente la respuesta del público es una de ellas. No queremos un festival con un bonito catálogo y con las salas vacías, sino que deseamos que el cine a contracorriente que programamos y que en su inmensa mayoría aún no ha conseguido asegurar una distribución comercial en nuestro país llegue al mayor número posible de personas. En ese sentido creo que somos un festival con uno de los mejores públicos del mundo (además de uno de los que más entradas venden) y confío en que nos acompañará un año más, si bien somos conscientes de que, aunque algunas voces parecen empeñadas en negarlo, la pandemia aún no ha terminado y sus consecuencias siguen dejándose notar en nuestro sector.

En cuanto a la aceptación de la crítica, que en realidad no deja de ser una parte del público, confiamos asimismo en que se dejen seducir por nuestra propuesta de programación, pero no elaboramos la programación pensando en agradar a determinados sectores de la prensa. Creo que incluir una película en el programa simplemente para atraer a la crítica implica caer en un doble error: Por un lado, es una concesión que hará que la propuesta programática se desdibuje y pierda coherencia intrínseca. Y por otro, programar esa película no significa necesariamente que dicha crítica vaya a alabar la película y el festival posteriormente.

P.- Hagamos “agitación y propaganda” sin más. ¿Dónde fija el director del FICX los aspectos más destacados de esta 59 edición?

R.- Creo que son muchos, pero el más importante de todos es sin duda la vuelta a las salas tras la imposibilidad de celebrar, por ley, el festival de forma presencial en 2020. Es algo fundamental para la dinamización cultural y económica de la ciudad, pero también para enriquecer nuestro pensamiento y, si se me permite el ataque de pedantería, para alimentar nuestro espíritu y curar nuestras almas heridas por la pandemia.

Destacaría también la nueva estructura de la programación, con tres competiciones de largometrajes muy bien definidas dentro de la Selección Oficial para favorecer a las nuevas voces del cine internacional, las que serán un referente el día de mañana, así como al cine iberoamericano más brillante del presente, y también a cineastas ya consagrados/as que siguen apostando por Gijón/Xixón para presentar sus nuevas películas. También hemos incrementado nuestras actividades didácticas con la creación de Academia FICX, proyecto que acaba de arrancar y nos está dando ya muchas satisfacciones.

P.- La programación de este año incluye películas que han podido verse en festivales tan potentes y reconocidos como Cannes, la Berlinale, o Buenos Aires ¿cabe hablar de un mayor impulso a la calidad? Te lo pregunto también porque he leído por ahí unas declaraciones en las que hablabas de que habrá menos películas, pero más filtradas…

R.- En efecto, creo firmemente que seguir llevando un extremo rigor a nuestro sello de calidad y al cuidado de la relación que guardan las películas entre sí nos diferencia con respecto a muchos otros certámenes internacionales. No queremos programar, con escuadra y cartabón, lo mismo todos los años y lo mismo que todos los demás. Nos resultaría anodino y no creemos que deba ser nuestro objetivo. Odiaría que todo el interés del FICX se basase en un puñado de preestrenos de películas que unos días después ya sabemos que podremos ver en las salas y en las plataformas de nuestro país. Por ello el 95% de las obras de nuestra Selección Oficial Retueyos y Tierres en Trance no tienen asegurada la distribución comercial en España…

Tampoco queremos apelotonar decenas de películas sin ninguna coherencia en un sinfín de secciones, ni incluir títulos de relleno fruto de compromisos con las distribuidoras, que es el camino cómodo y fácil. Pero ocurre que en el FICX escogemos el camino difícil, pues decimos “no” cuando consideramos que hay que decirlo y cada sección, sea competitiva o no, se construye de forma muy meditada, a veces tras apasionantes debates internos que duran meses. En términos gastronómicos, queremos ser la tienda delicatesen del barrio que ofrece producto exclusivo y de calidad, frente al centro comercial que acumula los mismos productos que, más pronto que tarde, se acabarán vendiendo en todas partes.




P.- A través de diversas entrevistas he visto que planteas el festival como una reivindicación tanto del cine como del discurso audiovisual ligando ambas cuestiones con la educación de los jóvenes… de alguna manera ese planteamiento recuerda el origen que tuvo este certamen, quizás menos a la etapa inicial con Isaac del Rivero pero sí al sesgo que alcanzó posteriormente cuando lo dirigía Victoria Fernández en los años ochenta del pasado siglo y en el que había, por ejemplo, unas jornadas dedicadas a la pedagogía de la imagen. ¿De qué manera y con qué medios intenta hoy el FICX mostrar esa preocupación e interés?

R.- Son muchas las actividades didácticas que el Festival lleva a cabo, no solamente durante sus fechas de celebración, sino a lo largo del año. Durante cada edición organizamos la sección Enfants Terribles con proyecciones exclusivas para centros educativos a las que acudirán de nuevo miles de estudiantes en 2021. En esta sección competitiva, la película ganadora se decide a través del voto emitido por el alumnado asistente, factor que contribuye al desarrollo del pensamiento crítico del público más joven. Todos los años, con el apoyo del Departamento de Educación del Ayuntamiento de Gijón/Xixón, el Festival elabora una guía didáctica específica de todas las películas que se proyectan como parte del programa para que los/as educadores/as puedan usarla como herramienta educativa. Está disponible en formato digital en la página web del festival y también se envía por correo electrónico a todos los centros educativos.

Se organizan asimismo encuentros con cineastas o intérpretes. Uno de los principales objetivos del Festival es ofrecer al público una comunicación directa con los y las cineastas. Por este motivo, es muy importante poder contar con la presencia del mayor número posible de profesionales y así poder programar diversos encuentros. Además, y si las circunstancias lo permiten, los talleres presenciales regresarán gracias a nuestra colaboración con las asociaciones juveniles Conseyu de la Mocedá de Xixón y del Principáu d’Asturies (CMX y CMPA), que cuentan con décadas de experiencia en el ámbito de las actividades orientadas a jóvenes. A ellos se sumará la segunda edición de ENTER, festival online de trailers realizados por estudiantes en el que participaron más de 80 centros educativos en 2020.

El FICX también organiza anualmente Oficios del Cine, actividad programada dentro de las fechas del Festival y en el marco de Enfants Terribles y planteada como un acercamiento a diferentes oficios en los que el alumnado puede realizar la transición de participar como consumidores a convertirse en profesionales del sector. El objetivo es fomentar la capacidad de iniciativa, la creatividad, el trabajo en equipo y el espíritu emprendedor entre la juventud asturiana. Esta actividad se lleva a cabo gracias a la iniciativa y a la colaboración del Departamento de Juventud de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón/Xixón.

Durante el año, el FICX organiza diversas actividades de aprendizaje audiovisual como +QueCine, un programa de la Fundación Municipal de Servicios Sociales que utiliza el audiovisual como una herramienta didáctica para apoyar la educación en valores y dirigido a los/as estudiantes de ESO (Escuela Secundaria Obligatoria), Bachillerato y Formación Profesional. Además, para cada película hay una unidad didáctica incluida en las guías para profesores/as y estudiantes que están disponibles para descarga.

Y antes he mencionado la primera edición de Academia FICX, celebrada los pasados meses de octubre y noviembre, en la que 18 jóvenes de todas partes de Asturias recibieron una serie de conferencias y módulos formativos con los que cineastas de nuestra región les transmitieron sus conocimientos. Se llevaron a cabo un total de 42 horas lectivas que se impartieron de manera presencial.



“
SOMOS UN FESTIVAL A CONTRACORRIENTE Y 

QUEREMOS VOLVER A FOMENTAR 

LA EDICIÓN DE LIBROS”

P.- Habéis anunciado también la publicación de un libro de diálogos sobre la creación cinematográfica ¿cuál es en este caso el objetivo?

R.- Al igual que con nuestras actividades didácticas, creemos que es muy importante que se recuperen espacios en la ciudad para el debate sobre la creación cinematográfica. En ese sentido también somos un certamen a contracorriente, y ahora que las redes sociales amenazan con convertir el diálogo racional en una agotadora retahíla de ocurrencias, queremos volver a fomentar la edición de libros. Y Los cines por venir de Jerónimo Atehortúa, publicado por la Editorial Muga en colaboración con el FICX, nos parece una forma excelente de retomar esta actividad. Y no será el único.

P.- Recuerdo haber leído declaraciones tuyas en las que señalabas que otro de los planteamientos del festival es encontrar las voces del futuro, es decir, bucear entre los jóvenes cineastas, aunque no falten a la cita otros ya consagrados ¿Es un equilibro inevitable y a la vez imprescindible?

R.- SIn duda, es la forma de continuar forjando una idiosincrasia bien definida para el FICX en el panorama internacional de festivales. Por Gijón/Xixón pasaron en su momento cineastas como Abbas Kiarostami o Darren Aronofsky, por poner dos ejemplos, cuando apenas eran conocidos por nadie. Ese es el espíritu que seguimos teniendo. Sin embargo, es importante matizar que tampoco queremos basar todo nuestro programa en “lo joven por lo joven”. Así, muchas grandes figuras del cine de autor contemporáneo siguen queriendo estrenar en Gijón/Xixón incluso fuera de concurso, como es el caso de Abel Ferrara, que presentará su nueva película en nuestro país como Pase Especial no competitivo del FICX en 2021.

P.- En ocasiones se ha destacado la colaboración y buen entendimiento del FICX con otros festivales españoles e internacionales ¿siguen en la misma línea?

R.- Hay una colaboración muy especial con el Festival de San Sebastián, con quienes organizamos la sección conjunta Crossroads, pero no es en absoluto la única. Con ZINEBI, otro de los festivales más importantes de España, hemos desarrollado una fórmula pionera para compartir películas considerando como “premier conjunta” la proyección de las mismas tanto en Bilbao como en Gijón/Xixón.

No está de más recordar que el FICX está calificado como Festival Competitivo Especializado, siendo uno de los 26 certámenes internacionales reconocidos con esta denominación por la FIAPF - Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, máximo organismo a nivel mundial. También cuenta con un jurado de la Federación Internacional de Críticos Cinematográficos (FIPRESCI), y su Selección Oficial de Cortometrajes, una de las más prestigiosas de Europa, es calificadora para los premios Óscar de la Academia Estadounidense y para los Premios Goya de la Academia Española de Cine.

A nivel internacional, en 2019, el FICX fue invitado a unirse a una nueva red de festivales, Europa Film Festivals (EFF),  que reúne a algunos de los principales certámenes de cine europeos independientes para compartir, debatir y hacer circular sus descubrimientos cinematográficos. Se trata de una red de festivales que aporta una perspectiva única en el panorama cinematográfico actual, y que actualmente incluye eventos que se celebran en Irlanda, Finlandia, Países Bajos, Polonia, Islandia, Luxemburgo, Canadá, Grecia, Alemania y Francia, siendo Gijón el representante español en la EFF. El FICX colabora asimismo con la European Film Promotion, entidad que agrupa a 38 institutos cinematográficos europeos (incluido el ICAA del Ministerio de Cultura de España). Finalmente, me gustaría recordar que en 2019 organizamos un ciclo de cine asturiano contemporáneo en el Festival de Toulouse con la proyección de siete piezas de cineastas del Principado, algo que constituyó un hito histórico para nuestro audiovisual.

“EL STREAMING SÍ HA LLEGADO

 PARA QUEDARSE:

HA MODIFICADO PROFUNDAMENTE 

LA FORMA 

DE TRABAJAR DE LOS FESTIVALES”

P.- Recordábamos al principio de esta entrevista los condicionantes de la última edición a causa del coronavirus, lo que provocó, entre otras cosas, que el streaming adquiriese una gran relevancia. Fue casi una mutación, según los expertos. Esa dualidad, con proyecciones en las salas y el streaming ¿han llegado para quedarse?

R.- En mi primer año como director del FICX, en 2017, inauguramos un canal de streaming propio dentro de la plataforma FILMIN por primera vez en los 55 años que por entonces contaba nuestro certamen. Y la propia FILMIN organiza desde hace ya algunos años “Atlántica”, un certamen híbrido cuyo impacto crece más y más a cada edición. Aunque no es algo demasiado sabido, es importante señalar que FILMIN es una distribuidora híbrida que no solo exhibe a través de su plataforma de streaming, sino también en las salas de cine.

Así que, volviendo a la pregunta, creo que el streaming sí ha llegado para quedarse porque además ya ha modificado profundamente la forma de trabajar de los festivales a nivel organizativo. Por ejemplo, se ha acortado enormemente el tiempo que transcurre entre que el equipo de programación de un certamen tiene noticia de una película recién terminada y la posibilidad de visionarla. Hoy en día, y gracias a los linksde visionados, a veces solo cuestión de minutos, cuando hace solo unos pocos años era necesario, o bien desplazarse para asistir a una proyección (en un festival o en un pase privado), o bien organizar el envío de un screener físico en vídeo o DVD.

P.- Ligado a la pregunta anterior está el papel de las plataformas que ofertan y cada vez con más intensidad producen películas y series. Creo recordar que con el FICX ya colaboró en el año 2019 NETFLIX y en la pasada edición FILMIN, mientras que en el ámbito comercial crece la presencia de HBO o incluso AMAZON. ¿En la edición de este año se mantienen ese tipo de acuerdos? ¿crees que el futuro del cine y también de los festivales va ligado a estas plataformas?

R.- Además de permitir llegar a más personas en territorios lejanos, las plataformas constituyen también un plan B en caso de necesidad. Si hay que elegir entre la suspensión de un festival por motivos como la actual situación de pandemia, o poner en marcha una versión online, creo que es preferible salvaguardar el trabajo hecho, no retirar el apoyo a cineastas y películas, y mantener el compromiso con el público sacando adelante una edición virtual. Suspender un festival como el FICX implica dejar a muchos/as profesionales sin trabajo y dejar a muchas películas realizadas con pocos recursos sin un apoyo económico y promocional crucial para su supervivencia. Mantenemos por tanto nuestro acuerdo con FILMIN en 2021, pues gracias a él estamos pudiendo llegar a muchas personas no residentes en Asturias, y también a ciudadanos/as enfermos/as y convalecientes. Y por otro lado nos parece complicado aspirar a conectar con el público joven, ese que tanto ansiamos llevar a las salas de cine, si no hacemos uso de las nuevas tecnologías.

P.- Sin separarnos mucho de las dos últimas preguntas, el cine como industria ha pasado por distintas etapas, 1920-1960, 1970-2010, y ahora parece abocado a la distribución en las salas, pero sobre todo a centrarse en las pequeñas pantallas, ya sean la televisión, los teléfonos móviles, los ordenadores, etc

R.- El sector audiovisual ha cambiado mucho desde la aparición del cinematógrafo a finales del siglo XIX y por el camino se ha echado en manos de la pirotecnia y el desarrollo tecnológico como únicas formas de salvaguardar las salas de explotación comercial. Un modelo que durante años ha funcionado para las multisalas pero que ahora se está viendo amenazado, como bien dices, por la proliferación de equipamientos domésticos cada vez más potentes y por el hecho de que, por el precio de una sesión de cine en sala, es posible abonarse durante un mes a plataformas que ofrecen cientos de contenidos con un solo “click”.

Por eso creo tan importante que los festivales de cine continuemos apostando por la presencialidad y por acompañar a las proyecciones de presentaciones y encuentros con cineastas, debates, clases magistrales, guías didácticas, exposiciones, publicaciones y cualquier otra actividad que enriquezca la experiencia y la diferencie del acto de ver una película en casa.

P.- He dejado para el final la cuestión monetaria, los dineros. ¿Los patrocinadores ayudan más o igual que otros años? ¿Cuenta el FICX con un presupuesto económico suficiente?

R.- Lejos de recortar sus aportaciones, este año estamos siendo testigos una vez más de la confianza que las entidades patrocinadoras y colaboradoras tienen en el FICX. Empezando por la comisión del ICAA - Ministerio de Cultura de España, que ha otorgado al Festival en 2021 la tercera mayor financiación estatal de entre los 113 certámenes que se presentaron. Aportación que, por tercer año consecutivo, constituye la mayor recibida en toda la historia de nuestro festival por parte del ICAA, y que supone un aumento del 70% respecto al año 2017.

Del mismo modo, Acción Cultural Española (AC/E) ha otorgado al FICX en 2021 la segunda mayor dotación económica de toda España, solo por detrás del Festival de San Sebastián. Esperamos asimismo que la Comisión Europea (a través del Programa MEDIA de Europea Creativa), que ha otorgado al proyecto del FICX más de 90 puntos sobre 100 en 2019 y 2020, aumente asimismo su compromiso económico, el cual fue recuperado para nuestro festival durante mi segundo año en la Dirección del FICX. ¿Nos gustaría tener más financiación? Por supuesto, como cualquier otra actividad. Pero lo importante es que nuestro planteamiento va siempre en consonancia con los medios de los que disponemos, que a mi modo de ver son suficientes para el modelo de certamen de juventud y descubrimiento que preconizamos. 



 

 

miércoles, 5 de mayo de 2021

NEL AMARO: el renovador del teatro asturiano... que fue también díscolo, socarrón y comprometido


Por PEDRO ALBERTO MARCOS

La Selmana de Les Lletres Asturianes rinde este año un merecido homenaje al escritor Manuel Amaro Fernández Álvarez -Nel Amaro por su nombre de guerra artístico- quien, por motivos que sería muy largo explicar aquí, no gozó en vida del reconocimiento que está recibiendo después de su muerte, de la que acaban de cumplirse diez años. 

No hay sorpresas: la tradicional sima entre los creadores de ese magma incandescente que llamamos cultura y quienes la tutelan forma parte de un paisaje suficientemente conocido, si bien conviene no olvidar que Amaro atesoraba una serie de méritos tan propios y excepcionalmente singulares que aún tardarán en valorarse en su justa medida. O desaparecer para siempre, quién sabe. Sea como fuere, reconocimientos como los impulsados durante los últimos años desde la Academia de la Llingua o desde Laboral Centro de Arte, a los que se añade ahora la decisión de homenajearle recuperando una pequeña parte de su ingente obra, tal como ha hecho la Conseyería de Cultura, Política Llinguística y Turismu en esta Selmana 2021, son sin duda buenas noticias. 

Pidiendo disculpas por adelantado a quienes están en disposición de reflejar con más documentación, conocimiento y experiencia lo que significó Nel Amaro para la cultura asturiana, permítanme dos apuntes sobre este autor mierense. 

El primero pude recuperarlo recientemente a petición del catedrático de Literatura Benigno Delmiro Coto cuando preparaba su libro La rebelión de la cultura en Asturias (1), mientras que el segundo está relacionado con la generosa entrega del escritor a la defensa de la heterodoxia frente a lo políticamente correcto y con la complejidad de su pensamiento de creador siempre dispuesto al riesgo. 



CON NEL AMARO 

COMIENZÓ  UNA NUEVA ETAPA

DEL TEATRO EN LENGUA ASTURIANA

En el año 1977 directivos del Club Cultural de Tudela Veguín me invitaron a dar una conferencia sobre Federico García Lorca, aprovechando que el grupo de teatro de la asociación, BOX, había preparado un modesto, pero significativo y emocionante recitado poético en memoria del autor granadino. En una conversación posterior, los integrantes de aquel incipiente grupo teatral me confesaron que aspiraban a contar con un director que les ayudase a mejorar su técnica y abordar objetivos más ambiciosos. “A ser posible, en lengua asturiana” me dijeron. De inmediato pensé en Nel Amaro pese a que no había en el ofrecimiento contrapartidas económicas, pues conocía muy bien su voluntad de trabajar en proyectos a los que entregarse con toda ilusión. Le llamé, nos vimos en Mieres, le hice un esbozo de la idea y, aunque que el compromiso conllevaba tiempo e incluso gastos de desplazamiento, su respuesta fue clara: “Vale, Perico, voy, hablo con ellos y ya vemos qué se puede hacer”. Como era previsible, habló y se quedó. 

De aquella relación entre Amaro y el grupo BOX nació un primer proyecto, “Les corales d’Asturies entá son de ñebe”, basado en la obra de Albert Camus sobre la Revolución asturiana de Octubre de 1934. Pasadas algunas semanas, Amaro me comentó que los ensayos no iban bien, pero no por culpa de los actores, sino porque la creación colectiva que Camus había resumido en Révolte dans les Asturies presentaba algunas dificultades que creía insalvables, y, como desde hacía tiempo le rondaba por la cabeza ofrecerles otro texto escrito por él, titulado “Xénesis o alborá de la conciencia, decidió un tránsito tranquilo compaginando el ensayo de las dos obras, aunque finalmente se quedaron solo con una.  Aunque Nel Amaro no fue consciente entonces -junio de 1979-, el estreno de Xénesis… en La Felguera, dentro de la VI Semana de Teatro de Langreo, sería un punto y a parte en la historia del teatro en lengua asturiana, inaugurando una nueva etapa. (2) 

Cuando Benigno Delmiro me pidió datos para su libro sobre las asociaciones culturales recuperé éstos y otros apuntes personales sobre Amaro y también una reseña que creía perdida de la que es autor el profesor de Filología Griega en la Universidad de Extremadura, Ramiro González Delgado (3), quien decía así:

“Nel Amaro fue el renovador del teatro asturiano, pues introdujo de lleno las corrientes innovadoras del siglo XX en un género todavía anclado en el costumbrismo decimonónico. Este autor (…) presenta unas puestas en escena rompedoras y sus temas están socialmente comprometidos”. 

Pese a que la memoria se hace frágil con el paso del tiempo, hay escenas que, aun borrosas, no pierden su interés y sentido, conjugando la soledad de los corredores de fondo (teatreros sin más) y la marabunta que a veces reinaba en aquellas mesas redondas que en los años setenta del pasado siglo eran tan frecuentes y que, en cierta medida, alentaban nuestro vivir. Pola de Siero, local sin calefacción pese al duro invierno, salón casi vacío de público. Amaro, a quien los organizadores ni siquiera habían tenido a bien invitar a la mesa, en la que abundaban efímeros sabelotodo que nunca habían pisado un escenario, musitaba socarrón a mi lado en la última fila de butacas, la de salir corriendo: 

-¿Y éstos quiénes son? ¿plumillas como tú?... No los conozco, pero vese que saben la de Dios. Parezme que voy fichalos.


UN LARGO RECORRIDO POR CUENTOS

NOVELAS, POESÍAS Y TEATRO  

QUE CULMINA EN LAS PERFOMANCES

El segundo apunte, ya en un ámbito más emocional, está relacionado con la generosa entrega del escritor a la defensa de la heterodoxia frente a lo políticamente correcto, pero también con la nunca recocida, e incluso despreciada, complejidad de su pensamiento de creador incontenible (4).

 Apátrida, preso político, al igual que sus padres Encarna y César y su hermana Mari Luz durante la última etapa del franquismo, cuando aún la dictadura era capaz de fusilar a los disidentes, Nel Amaro había iniciado su acercamiento al teatro en el año 1966, tanto por razones políticas (el PCE) como culturales (la Asociación Amigos de Mieres) (5). La primera obra en la que trabajó era de Fernando Arrabal, autor prohibido en España por entonces, y la segunda un drama de gran dureza firmado por Juan Benet, Anastas o el origen de la Constitución. Dos experiencias que desembocaron en una decisión personal que marcaría buena parte de su futuro como creador: escribir obras de teatro y dirigirlas. De alguna manera, era también un acercamiento al impulso regenerador de lecturas que le fueron propias en la primera juventud, desde la Institución Libre de Enseñanza a La Barraca del periodo republicano, pasando por Lorca y una suerte de dadaísmo inconfeso, hasta llegar a la poesía visual de Joan Brossa, no como final, pero sí como un importante punto de destino. 

En ese caminar, Amaro regalaba a propios y extraños la viva imagen del teatrero bonachón que en los momentos de relajo, duda o desconcierto gustaba de mesarse sus barbas, tras las que muchos sospechábamos que escondía algo más que un rostro: tal vez un paisaje imposible por el que correteaban perros como “Pulgu”, a quien elevó a los altares de la dignidad literaria como acompañante fiel; o los paxarinos que habían buscado cobijo en su alma ya desde niño, allá en el pueblo en el que nació, Santa Rosa, y que permanecían a la espera de que el escritor los liberase en forma de sonidos, gestos, y sobre todo palabras. Comenzó con la poesía y el teatro, con las crónicas plenas de arrebato en los fanzines, y con una obsesión a la que no renunció nunca: llevar la cultura a los barrios, a los pueblos, y retroalimentarse con su aliento. Con la paciencia de los perdedores, junto al micromundo del teatro fue aprehendiendo versos, cuentos y novelas, hasta situarse en el límite mismo de la creatividad artística. Es en ese ámbito en el que la automarginalidad consciente y buscada de Amaro favoreció un tránsito que fue alejándole de las estructuras teatrales clásicas para ir ganando espacio en otros territorios. Admiraba el teatro de calle, ya fuese la trepidante Curuxa Enfocicá, o la calidad mostrada por Margen, y, de allí, al clown que va alejándose poco apoco del actor hasta dejarse arrastrar por el público, por sus reacciones (alguien lo llamó “honestidad escénica”), regalando risas, con ejercicios de magia imposibles, cambiando el tono de voz para despertar nuestros ojos ensimismados, y, finalmente, creando perfomances en las que, barajando elementos muy distintos a través de un hilo conductor, era capaz de sorprender incluso a sus seguidores más avisados. 

Pero un día llegó el comandante y mando a parar. Amaro murió el 4 de abril de 2011, diez días antes de actuar como pregonero en la Fiesta del Oso republicano de Cangas de Onís. Era sin duda el bufón ideal para una fiesta en la que la memoria histórica reclamaba su concurso utilizando chanzas repletas de humor vitriólico hasta dejar desnudo al rey. No fue posible, pero sí en cambio que le enterrasen con la bandera tricolor.

 

(1)      La rebelión de la cultura en Asturias. Las sociedades culturales frente al franquismo de Benigno Delmiro Coto. Páginas 171 y 172. Fundación Juan Muñiz Zapico. KRK Ediciones, 2019

(2)      Ese mismo año, 1979, Amaro recibió el primer galardón importante de su trayectoria como autor, el Premio de Guiones de Teatro “Soto Torres”, convocado por el Ayuntamiento de Langreo.

(3)      Ramiro González Delgado, autor del trabajo titulado Tradición clásica del teatru de Nel Amaro. Octubre, 2015 

(4)      En este apartado resulta imprescindible citar a algunas personas que  a través del conocimiento y/o la amistad, han sido capaces de situar la obra creativa de Nel Amaro en su verdadero contexto, sobre manera, José Luis Campal, Ernesto Burgos y Xandru Fernández.

(5)      Páginas 6 y 7 del boletín El Teatro Asturiano, hoy. Editado por el Ayuntamiento de Langreo. Junio, 1980

 NOTA.- Una versión más reducida de este artículo la publicó el diario El Comercio en la edición del 5 de mayo de 2021 en las páginas de OPINIÓN